Ucrania: Amargas confituras para el Rey del Chocolate (II PARTE)

Moscú (PL) Como en los tiempos de la Operación Cóndor de Pinochet, Stroessner y Videla en Suramérica, los servicios secretos de Estados Unidos controlan tras bambalinas la represión en Ucrania contra quienes se oponen a los intereses de la oligarquía internacional.
El periódico alemán Bild am Sonntag informó sobre decenas de agentes del FBI y la CIA enviados a Kiev para ayudar en nombre de la Casa Blanca a reprimir la sublevación en las regiones del sureste.
Destaca el periódico que el Departamento de Estado se apresuró a desmentir esas informaciones con el argumento del envío de esos especialistas con la tarea de «ayudar al Gobierno ucraniano a investigar y recopilar pruebas para recuperar los activos sustraídos y sacados al extranjero».
Washington trató de poner distancia respecto al asesinato de más de un centenar de personas y 200 heridos en el incendio provocado en Odessa por elementos neonazis de Sector Derecho y fanáticos del fútbol utilizados por los gobernantes.
Igualmente, pretendió desmarcarse de la ofensiva militar de gran envergadura con miles de efectivos, blindados, aviación, lanzamisiles múltiples, otros armamentos pesados y hasta bombas prohibidas por convenciones internacionales contra los rusoparlantes del sureste.
Diplomáticos estadounidenses dijeron al diario ruso Kommersant que los expertos del Buró Federal de Investigaciones radicados en Kiev asesoran a las autoridades locales en la lucha contra el crimen organizado.
Al referirse a los oficiales de la Agencia Central de Inteligencia, trataron de distanciarlos de las acciones represivas de quienes derrocaron a Yanukóvich, con la justificación de que trabajan en asuntos relacionados con la reforma y el refuerzo del Servicio de Seguridad de Ucrania.
Es cierto que existe una estrecha cooperación, pero solo a nivel de consultas oficiales, insistieron los representantes del Departamento de Estado.
Sin embargo, la culpabilidad de la CIA en la inestabilidad que vive Ucrania quedó demostrada en marzo con la visita secreta a Kiev de su jefe, John Brennan, reconocida días después por Washington tras muchas denuncias.
Brennan se reunió con el entonces autoproclamado presidente interino y todavía hoy auto propuesto titular del Parlamento, Alexander Turchinov, y los jefes de los cuerpos represivos antes de que se ordenara a las Fuerzas Armadas incorporarse a la represión contra los partidarios de la federalización, el ruso como lengua cooficial y más autonomía.
Poco después, mediante un decreto, Turchinov decidió realizar una operación represiva de gran envergadura con la participación del Ejército y la inconstitucional Guardia Nacional, integrada por elementos neonazis del bloque Sector Derecho y Autodefensas de Maidán.
Videos publicados en YouTube, asimismo, confirman la presencia en el oriente ucraniano de hombres armados sin insignias de ningún país pero vestidos con uniformes característicos de las tropas estadounidenses.
Varios de esos audiovisuales permiten escuchar órdenes en inglés y hasta gritos de ÂíBlackwater!, ÂíBlackwater!, en alusión al antiguo nombre de la mayor empresa privada de seguridad estadounidense, Academy, verdadero ejército integrado por más de 20 mil mercenarios, controlado por la CIA.

LIMPIEZA ÉTNICA
Los métodos de exterminio y terror de la CIA parecen estar presentes en la limpieza étnica que acontece en el sureste del país, según denuncias de la diplomacia rusa y de los rebeldes.
El gobernador de la autoproclamada República Popular de Donetsk, Pavel Gúbarev, denunció que las tropas ucranianas atacaron a las autodefensas de la aldea de Semionovka, cercana a Slaviansk, con armas químicas.
Dos milicianos recibieron heridas graves (intoxicación por fósforo) y han sido enviados a Donetsk. Uno está muy mal, confirmó el líder rebelde en su página de Facebook.
Añadió el gobernador popular que el Ejército ucraniano bombardeó las afueras de Slaviansk con cañones de 240 milímetros, y que se registraron algunos grandes incendios.
Las autodefensas de Donetsk denunciaron varios ataques durante la tregua oficial vigente en el sureste del país, la cual fue prolongada por el presidente Poroshenko, con el ánimo de mostrar la cara negociadora de su mandato ante Europa y ante Moscú.
Escuadrones neonazis de Sector Derecho, agrupados en el batallón Donbás, sin embargo, exigieron el fin del alto el fuego y una mayor represión en el sureste, durante una manifestación frente a la oficina del propio Poroshenko.
Simón Semetchenko, jefe de la falange creada tras el golpe de estado de febrero, demandó se declare la ley marcial y que el batallón Dombás y otras unidades paramilitares movilizadas en la represión sean autorizadas «a tomar medidas para eliminar» a quienes denominó terroristas, según la agencia UNN.
Reconoció Semetchko que en la operación del Ejército, fuerzas de seguridad y los grupos neonazis movilizados por los partidos Sector Derecho y Svoboda, se registraron ya tres veces más víctimas humanas que en las protestas que derrocaron al presidente Víktor Yanukóvich.
Elementos extremistas partidarios de barrer a la población rusoparlante del sureste continuaron los bombardeos en algunas zonas, según denuncias de las milicias de las autoproclamadas Repúblicas Populares de Donetsk y Lugansk.
Los rebeldes se comprometieron también a respetar la tregua, pero portavoces de las tropas represoras los acusaron de haberla roto en múltiples ocasiones, informó el canal ucraniano de televisión 24.
Rusia reiteradamente ha denunciado que Kiev lleva a cabo a sangre y fuego una limpieza étnica en esos territorios, donde la ONU cifró en 110 mil el número de desplazados hacia territorio ruso, según Radio Libertad.
Un comunicado emitido por el Servicio Estatal de Emergencias de Ucrania, en tanto, reportó que 25 mil personas han sido evacuadas hacia otras regiones desde los territorios sometidos a la devastación con bombardeos.
El líder de la autoproclamada República Popular de Lugansk, Valeri Bolotov, denunció que los gobernantes ucranianos tienen planes de trasladar hacia las regiones surorientales a habitantes del occidente del país, partidarios de la ideología ultranacionalista afín a quienes derrocaron a Yanukóvich.
(Continúa)

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