Obama, un presidente acorralado

La Habana (PL) El presidente Barack Obama enfrenta diversos desafíos de gran atención mediática, desde Europa oriental hasta el Oriente Medio y el sur de la frontera de Estados Unidos, cuando trata de levantar fondos para apoyar la causa de los demócratas en los comicios de medio término de noviembre de 2014.
Con un semblante donde se refleja el cansancio y los duros años de enfrentamiento con los republicanos en el Congreso, el mandatario parece acorralado y exigido al máximo de sacar adelante su plan de gobierno en política interna y externa.
Pocas veces un presidente enfrentó  tantas crisis de política exterior al mismo tiempo,  esta vez en Ucrania, Israel, Siria, Iraq, Afganistán y otros lugares, señaló un artículo del diario The New York Times el 23 de julio de 2014.
Para el gobernante es como bailar en la cuerda floja o moverse sobre el filo de la navaja. Mientras presiona a los aliados europeos para sancionar a Rusia por la crisis creada por occidente en Ucrania, trata de atraer a Moscú para influir sobre Irán y alcanzar un acuerdo sobre su programa nuclear.
Por lo que plantea The New York Times, el dirigente estadounidense debe hacer malabares, pues mientras presiona a Irán por su programa nuclear, se encuentra en el mismo lado de Teherán en la lucha contra una creciente insurgencia de extremistas islámicos en Iraq.
A eso habría que añadir que debe extremar sus cuidados para ayudar a las bandas y mercenarios que en Siria tratan de derrocar al gobierno constitucional del presidente Bashar al-Assad, donde también se enfrenta a Rusia y a Teherán.
La situación del hombre que desde la Casa Blanca trata de dirigir los destinos estadounidenses se complica ahora más por la crisis desatada tras los ataques de Israel contra Gaza, que han ocasionado más de mil muertos y centenares de heridos
El logro de un alto del fuego en la zona daría un respiro al mandatario, quien debe cuidarse de no molestar al fuerte lobby judío en Washington.
Gary Samore, un ex asesor de seguridad nacional de Obama, al analizar el frente de problemas que debe resolver el mandatario dijo que la situación es un desastre muy enredado y agregó que son inusuales  tantos brotes de violencia e inestabilidad en todas partes.
El propio Obama se reciente en el trabajo que hace. Vivimos en un mundo complejo y en un momento difícil, dijo con rostro cansado después de hacer una declaración en la que se dirigió a Ucrania, Gaza, Irán y Afganistán, todo en el espacio de siete minutos.  Ninguno de estos desafíos se presta a soluciones rápidas ni fáciles, subrayó.
En la actualidad la forma en que el gobernante 44 del país encara la política externa se convirtió más que en una responsabilidad,  en  tema de fuertes críticas de los republicanos e incluso de algunos demócratas.
Para ejemplificar esto, una encuesta de The New York Times / CBS News, realizada en el mes de junio, encontró que el 58 por ciento de los estadounidenses desaprueba su manejo de los asuntos del mundo, un alza de 10 puntos porcentuales en un mes, la más alta durante sus cinco años y medio en el cargo.
Según comentaristas políticos internacionales  y medios de prensa, la situación para Obama es un reto a su imaginación sobre cómo lidiar con tantos desafíos y cómo plantar cara a las críticas de algunos sectores por sus decisiones sobre Iraq y Afganistán, por ejemplo.
Más cercana al entorno estadounidenses está la crisis humanitaria causada por la llegada de cerca de 57 mil menores, solo a la frontera sur de Estados Unidos.
La Casa Blanca maniobra con el Congreso para un arreglo, incluso Obama llamó a los gobernantes de Guatemala, Honduras y El Salvador para presionarlos a detener el flujo de niños que se dirigen ilegalmente a Texas.
Ante lo que ya se califica como una “cascada de crisis” en el extranjero hay que agregar que la mayoría de los estadounidenses, en especial los de clase media y los más pobres, ven con preocupación que sus vidas no mejoran con la recuperación de la economía.
A favor del mandatario hay que decir  que pese a estar acorralado, en sus apariciones públicas y declaraciones no se distancia de los problemas que ocurren en el extranjero y menos aún de los internos.
De cierta forma maniobró con escándalos como el espionaje de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA), el  Departamento de Asuntos de Veteranos, los problemas del Obamacare, la incumplida reforma migratoria, entre otros, que evidenciaron su marcado interés de avanzar en su agenda de gobierno.
Sin embargo, la crisis aumenta el descontento de los electores, en un país que según las encuestas se encuentra ahora más dividido que hace cuatro años.
Un estudio de la firma Rasmussen del 22 de julio mostró que el 80 por ciento de los republicanos y el 69 por ciento de los votantes no afiliados (independientes) piensan que Estados Unidos es un país más dividido de lo que era hace cuatro años, una opinión compartida por el 55 por ciento de los demócratas.
Tal vez la incidencia de esta “cascada” de crisis externas e internas, influyan en que apenas el 25 por ciento de los estadounidenses estimen ahora que el país va en la dirección correcta, la cifra más baja desde principios de diciembre.
Si el semblante de una persona puede ser indicativo de algo, al comparar al jovial y sonriente Obama de 2008 con el apesadumbrado, canoso y serio de 2014, se puede concluir que las crisis lo afectaron y, aunque no lo admita, está acorralado.

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