Francisco, entre tareas y perdones en Bolivia

La Paz (PL) El papa Francisco cumplió una visita de poco menos de 48 horas a Bolivia, donde fue aclamado por cientos de miles de personas durante su presencia en misas y encuentros con la población, al tiempo que dejó tareas a los movimientos populares y pidió perdón por la acción de la Iglesia en América.
Su Santidad clausuró el II Encuentro Mundial de Movimientos Populares el 9 de julio, ante más de mil 500 delegados de más de 40 países de todos los continentes, a los cuales dejó tres tareas.
Según el Sumo Pontífice, es hora de decir no a una economía de exclusión, porque los seres humanos y la naturaleza no deben estar al servicio del dinero, y recordó que esos modelos económicos matan y destruyen la tierra.
La economía no debería ser un mecanismo de acumulación sino la adecuada administración de la casa común. Su objeto no es únicamente asegurar la comida o un decoroso sustento. Una economía verdaderamente comunitaria debe garantizar a los pueblos dignidad y prosperidad sin exceptuar bien alguno, remarcó.
Al mismo tiempo insistió en que la economía debe facilitar el acceso a la educación, la salud, la innovación, las manifestaciones artísticas, el deporte y la recreación, y debe crear las condiciones para que cada persona pueda disfrutar de una infancia sin carencia, tener derecho al trabajo y a una jubilación decorosa.
Esta economía no es solo deseable y necesaria, sino también posible. No es fantasía, podemos lograrlo. Los recursos disponibles en el mundo son más que suficientes para el desarrollo integral de todos los hombres y de todo el mundo, recalcó.
También explicó que el problema es que existe un sistema con otros objetivos, que además de incrementar irresponsablemente la producción, daña la madre tierra y les niega a las mayorías sus derechos.
Por otra parte, pidió la unidad de los pueblos, los cuales, dijo, quieren ser artífices de su propio destino, sin tutelaje ni injerencias, donde el más fuerte subordine al más débil.
Para el Papa, ningún poder fáctico o democrático tiene el derecho a privar a los países pobres del pleno ejercicio de su soberanía y, cuando lo hacen, vemos nuevas formas de colonialismo, que afectan seriamente las posibilidades de paz y de justicia. La paz no solo se funda en los derechos del hombre, sino en el derecho de los pueblos, particularmente el derecho a la independencia, remarcó.
La tercera de las tareas de Francisco a los movimientos populares fue la defensa de la Madre Tierra, a la cual consideró la casa común de todos nosotros, y recordó que está siendo saqueada, devastada, vejada impunemente.
La cobardía en su defensa es un pecado grave. Vemos con decepción creciente como se suceden una tras otra las cumbres internacionales sin un resultado importante. No se puede permitir que ciertos intereses que son globales, pero no universales, se impongan y sometan a los Estados y organismos internacionales.

PERDÔN POR LOS CRÍMENES DE LA IGLESIA
El Papa aprovechó su estancia en Bolivia para pedir perdón por los crímenes cometidos por la Iglesia contra los originarios de América Latina en nombre de Dios. Esos pecados, dijo, los han reconocido mis antecesores. Lo ha dicho el Consejo Episcopal Latinoamericano y también yo quiero decirlo: al igual que Juan Pablo II pido que la Iglesia se postre ante Dios y pida perdón por los pecados pasados y presentes.
“Pido humildemente perdón, no solo por las ofensas de la propia Iglesia, sino por los crímenes contra los pueblos originarios durante la mal llamada conquista de América. Y también quiero que recordemos a millares de sacerdotes, obispos, que se opusieron fuertemente a la lógica de la espada con la fuerza de la cruz”.
Antes, el mismo día de su llegada y desde la Catedral Metropolitana de esta capital, el Obispo de Roma exhortó al diálogo entre los países para evitar conflictos entre pueblos hermanos, en referencia al diferendo marítimo entre Bolivia y Chile.
Francisco insistió en “el desarrollo de la diplomacia con los países del entorno, que evite los conflictos con los pueblos hermanos y contribuya al diálogo franco y abierto de los problemas, hoy es indispensable. Y estoy pensando acá, en el mar. Diálogo, es indispensable”.
Las palabras del Papa motivaron aplausos prolongados entre los presentes en la Catedral y quienes observaban desde el exterior a través de pantallas gigantes.
“Construir puentes en vez de levantar muros, construir puentes en vez de levantar muros”, repitió Francisco, quien advirtió que “todos los temas, por más espinosos que sean, tienen soluciones compartidas, tienen soluciones razonables, equitativas y duraderas”.
“En todo caso nunca han de ser motivo de enemistad, rencor o agresividad, que agravan más la situación y hacen más difícil su resolución”, recalcó.
Por otra parte, recordó que Bolivia transita un momento histórico. La política, el mundo de la cultura, las religiones, son parte de este hermoso desafío de la unidad. En esta tierra, donde la explotación, la avaricia y múltiples egoísmos y perspectivas sectarias han dado sombra a su historia, hoy puede ser el tiempo de la integración y hay que caminar ese camino.
“Hoy Bolivia puede crear, es capaz de crear con su riqueza nuevas síntesis culturales. ÂíQué hermosos son los países que superan la desconfianza enfermiza e integran a los diferentes y que hacen de esa integración un nuevo factor de desarrollo! ÂíQué lindos cuando están llenos de espacios que conectan, relacionan, favorecen el reconocimiento del otro!”, remarcó.
El Santo Padre enfatizó también que Bolivia, en la integración y en su búsqueda de la unidad, está llamada a ser esa multiforme armonía que atrae en el camino hacia la consolidación de la Patria Grande.
En varias de sus alocuciones, Jorge Mario Bergoglio hizo énfasis en el papel de la familia, la cual consideró amenazada en todas partes por tantos factores, entre los cuales mencionó el alcoholismo, la violencia doméstica, el machismo, la drogadicción, la falta de trabajo, la inseguridad ciudadana, el abandono de los ancianos y los niños en la calle.
“Son tantos los problemas sociales que resuelve la familia y los resuelve en silencio. Son tantos, que no promover la familia es dejar desamparados a los más desprotegidos. Una nación que busca el bien común no se puede encerrar en sí misma”, enfatizó.
Con su visita a Ecuador, Bolivia y Paraguay, el Papa, de 78 años de edad, cumplió su segunda visita a América, dos años después de participar en Río de Janeiro, Brasil, en la Jornada Mundial de la Juventud Católica.
Francisco es el cuarto Papa que visita América, luego de Pablo VI, Juan Pablo II y Benedicto XVI y el segundo que llega a Bolivia, tras Karol Wojtila, quien estuvo en nueve ciudades del país en 1988.
El hoy santo Juan Pablo II visitó el continente en 18 ocasiones, aunque el primer pontífice en cruzar el Atlántico fue Pablo VI, quien estuvo en Colombia en 1968, en tanto Benedicto XVI lo hizo en dos ocasiones, la primera de ellas en 2007.

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