Apapachos diarios
Por Guillermo Robles Ramírez
El sábado amaneció dulce, ¿verdad?. Desde tempranito el aire ya traía ese aroma a chocolate recién hecho, de esos que te envuelven y te hacen sentir como si alguien te estuviera dando un abrazo largo y sin prisas.
Era el Día del Amor y la Amistad o San Valentín, para los que lo prefieren así, y en Coahuila, como en todo México, se volvió el pretexto ideal para que la gente sacara lo mejor de sí.
Miles de coahuilenses abriendo la puerta a esposas, esposos, hijos, compadres y amigos con una taza humeante de chocolate espeso, un pan dulce todavía tibio y, por supuesto, esa rosa roja que dice tanto sin necesidad de palabras.
Un símbolo simple, pero que pega fuerte, amor y amistad, todo junto en un tallo con espinas. Muchas parejas lo celebran a su modo. Algunos se van a cenar a un buen lugar o el restaurante favorito. Otros, más tranquilos, se quedan en casa con algo improvisado.
Pero lo que no falta es el bombardeo digital en WhatsApp lleno de corazones voladores, GIFs cursis de ositos abrazándose, y mensajes que llegan de la nada: «Feliz día, carnal, que sepas que cuentas conmigo».
Se agradece el tiempo y dedicación de esos mensajes, aunque a veces pienso que estamos reemplazando los abrazos reales por emojis. Pero de igual manera calientan el alma, ¿no?
Lo que más me impresiona es el esfuerzo que pone cada uno. Hay quien se rompe la cabeza planeando la sorpresa perfecta; reservar mesa, comprar el ramo exacto, hasta ensayar qué decir.
Y sí, a veces cae en ese perfeccionismo que cansa, pero valió la pena, para poder convertir el cariño en una lista de pendientes. Pero al final, lo que cuenta es el intento. Las calles lo gritan con las tiendas decoradas con rojo, rosa y blanco por todos lados, globos flotando, vitrinas que parecen gritar «¡compra amor!». Imposible pasar de largo sin notarlo. Hasta el que va distraído termina sonriendo al ver un peluche gigante en la banqueta.
Las ideas para el día sobran. Salir a un restaurante elegante con velitas y manteles impecables, o algo más relajado, tacos en la esquina con una chela fría.
Pero lo que arrasa ahora son las frases en redes sociales publicaciones con pensamientos profundos, fotos de cenas caseras o memes que dicen «el amor verdadero no necesita presupuesto».
Todos buscan esa sorpresa que haga al otro sentir especial. Y claro, el que tiene más para gastar, bienvenido sea al comercio, que siempre sale ganando.
Este año no fue diferente a los anteriores, telefonazos a media mañana con voces emocionadas, «¡feliz día de la amistad, viejo!», y esa calidez que se siente parecida a la del Día de la Madre o del Niño. Entre apapacho y apapacho, en las casas, en las oficinas llenas de tarjetas, me quedé pensando: ¿por qué solo hoy? ¿Por qué el amor y la amistad se guardan para un solo día del calendario? Valga la redundancia, pero ¿no deberíamos darnos cariño todos los días? Porque el año tiene 365 días –366 en bisiesto y en el resto del año ¿qué pasa?.
Criticamos al vecino, peleamos por tonterías con la pareja, envidiamos al compadre que se compró algo nuevo, y a veces las cosas escalan a palabras duras o peor. ¿Por qué el amor se dosifica? ¿Será que la felicidad solo cabe en porciones pequeñas, en fechas marcadas?
Pienso en cómo antes, y hablo de hace décadas, cuando yo era chamaco y las cosas eran más sencillas, no había este revuelo comercial. No existía el Día del Amor y la Amistad como lo conocemos; era una tradición que llegó de fuera, de los gringos, sobre todo, y se fue colando despacito hasta volverse parte del calendario mexicano.
San Valentín, el santo, lo oficializaron en el 498 d.C., pero aquí tardó en pegar. Ahora, sin importar el negocio de flores, joyas, restaurantes, antros, entre otros todo se tiñe de romance. Y las ventas… ¡uf!. Este 2026, según la Concanaco Servytur, la derrama económica rondó los 36,200 millones de pesos, un aumento del 11.4% respecto al año pasado, impulsado por mejores salarios y más ganas de regalar experiencias.
Algunos estiman incluso cifras más altas, como 61 mil millones si cuentas el «Cupido Digital» con apps y entregas online. Las rosas, por ejemplo, subieron en precio un arreglo promedio anda en 460 pesos, unos 15% más caro que en 2025. Triplicar precios en cenas o reservas ya es costumbre.
El amor se ha vuelto negocio, sí. La mercadotecnia nos bombardea con «el regalo ideal», cuando en realidad el ideal no se compra, es decir, es abrir el corazón de verdad, escuchar sin juzgar, estar ahí en las malas. No solo el 14 de febrero, sino cualquier martes gris.
No soy aguafiestas, me encanta el chocolate y las risas de la gente, pero este sábado pasado fue un invento astuto, más comercial que romántico. ¿Nuestro o de ellos? Da igual; hasta en la frontera lo festejan con el mismo entusiasmo.
Al final, ojalá sirva de recordatorio. Que el 14 nos impulse a ser mejores los otros 364 días con menos críticas, más abrazos; menos envidia, más celebración. Porque el cariño de verdad no necesita fecha ni precio. Se da diario, en lo chiquito.
Así que, a todos los que leen esto y a los que no, espero que hallan tenido un feliz Día del Amor y la Amistad… pero también, que siga mañana, y pasado, y siempre. (Premio Estatal de Periodismo 2011 y 2013, Presea Trayectoria Antonio Estrada Salazar 2018, finalista en Excelencia Periodística 2018 representando a México, Presea Trayectoria Humberto Gaona Silva 2023) www.intersip.org
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