Cisneros Betancourt, un marqués patricio cubano

La Habana (PL) El marqués de Santa Lucía heredó de su padre el título de Castilla y lejos de cultivar el linaje, desde su juventud hasta la muerte, Salvador Cisneros Betancourt (1828-1914) dedicó su vida a la independencia cubana.

Este patricio camagüeyano trascendió su patria chica y constituye uno de los personajes civiles que tuvo gran influencia en los acontecimientos de las luchas independentistas de su país y en los primeros años de la república neocolonial.

Conspirador, diputado y político insurrecto en la colonia, fue en la República senador por su natal Camagüey hasta su fallecimiento, ya anciano.

Su pensamiento y acciones, en diversas circunstancias, combatieron el colonialismo español y después la dependencia de Cuba de Estados Unidos, luego de la intervención militar en 1898.

Fue constante opositor de la Enmienda Platt y uno de los 11 constituyentistas que votaron contra su aprobación en la sesión final, el 12 de junio de 1901, frente a 16 que aceptaron las presiones de Washington, con cuatro ausentes, y consintieron este apéndice a la Constitución cubana.

El 15 de marzo de 1901, mediante un voto particular, había expuesto sus opiniones en un vibrante alegato ante la Asamblea Constituyente Cubana, de la que era miembro. “La Convención en mi concepto debe rechazarla sin discusión de ninguna clase”, declaró.
“Según aparece en el acuerdo del Senado y la Cámara de Representantes de los Estados Unidos -expresó-, no se le deja elección a los cubanos para nada, supuesto que tienen que aceptar las conclusiones propuestas…”, ya convertidas en Ley.
Dijo que con dichas relaciones está de manifiesto que no vinieron a Cuba puramente por humanidad como pregonaban, sino con miras particulares y muy interesadas.
“…no debemos caer en una celada, vendiendo nuestra honra e independencia absoluta, por concesiones que hagamos a favor de los Estados Unidos, sin que por su parte nos concedan ventaja alguna”, fueron sus firmes palabras registradas por la historia.
Era hijo de José Agustín Cisneros y Quesada -primer marqués de Santa Lucía- y de Angela Betancourt y Betancourt; nació en Puerto Príncipe, Camagüey, el 10 de febrero de 1828, y falleció en La Habana, el 28 de febrero de 1914.
Como joven adinerado, después de cursar sus primeros estudios en Puerto Príncipe viajó a Filadelfia, Estados Unidos, donde asistió a varias instituciones educacionales hasta 1846, cuando regresó al país.
El 22 de diciembre de 1850, contrajo matrimonio con su prima Micaela Betancourt y Recio; y poco después fue deportado por actividades conspirativas.
Cisneros se distinguió en el seno de la sociedad local y en sus relaciones con los círculos masónicos de otras regiones.
De regreso a su ciudad fundó periódicos radicales, criticó los abusos coloniales y se destacó como animador de la vida económica y social de su ciudad natal, donde  fue Presidente de la Sociedad Filarmónica y también Alcalde de Puerto Príncipe (1862-1863).
Su posición patriótica se define como Presidente de la Junta Revolucionaria de Puerto Príncipe, fundada en 1866, miembro de la Logia Tínima y representante de los camagüeyanos en los trabajos de la conspiración independentista de 1868.
Aunque inicialmente era partidario de postergar la insurrección, se levantó en armas en noviembre de 1868 tras el Alzamiento de Carlos Manuel de Céspedes, el 10 de octubre de 1868, que desencadenó la Revolución en el oriente del país.
Secundó a los más jóvenes en definir a sus coterráneos por la guerra independentista y presidió el Comité Revolucionario de Camagüey y, después, la Asamblea de Representantes del Centro.
Delegado a la Asamblea Constituyente de Guáimaro, en abril de 1869, fue el primer presidente de la Cámara de Representantes (1869-1873) y presidente interino de la República en Armas (27 de octubre de 1873-28 de junio de 1875).
Elegido nuevamente diputado en 1877, ocupó otra vez la presidencia del cuerpo legislativo.
En la Guerra de Independencia de 1895, se alzó el 5 de junio al frente de 12 compatriotas en Las Guásimas de Montalbán, Santa Cruz del Sur, Camagüey; y el día 11 se incorporaron al General en Jefe del Ejército Libertador Máximo Gómez, en Sabanilla del Junco (Guaicanamar).
Cisneros Betancourt presidió la Asamblea Constituyente de Jimaguayú (13 de septiembre de 1895) de la República en Armas.
Por su experiencia en la guerra anterior, desempeñó la presidencia del Consejo de Gobierno Cubano (18 de septiembre de 1895- octubre de 1897), entidad de la República en Armas con poderes legislativo y ejecutivo, conferidos por la Constitución de Jimaguayú.
Tuvo por palacio de gobierno, como la anterior República en Armas, un rústico bohío en medio de los bosques y la dignidad de representar al pueblo cubano.
El equipo incluyó al vicepresidente Bartolomé Masó y cuatro secretarios, cada uno con subsecretario.
Patriota de gran prestigio, ganó detractores al ser ferviente partidario del civilismo y de los poderes republicanos y democráticos, como había mostrado en la primera guerra, al interferir en decisiones propias de la esfera militar.
Repudiaba el caudillismo propagado en otros países de América Latina, y su actuación provocó crisis con el mando militar.
Asistió en representación del Tercer Cuerpo de Ejército a la Asamblea Constituyente de la Yaya (octubre de 1897), que eligió el siguiente Consejo, presidido por Masó, y cuidó de las facultades del General en Jefe para conducir la política militar.
Al terminar su mandato, Cisneros se mantuvo en el campo insurrecto con su escolta y ayudantes hasta el final de la contienda.
Resultó igualmente una figura destacada de la Asamblea de Representantes de la Revolución Cubana -llamada de Santa Cruz del Sur y luego del Cerro- (1898-1899), de la cual fue vicepresidente.
En este foro votó contra la destitución del General en Jefe Máximo Gómez, adoptada por los delegados debido a discrepancias existentes de cómo enfrentar el difícil momento de la presencia de un nuevo interventor extranjero.

Su actuación respondió a un código de principios que siguió durante su larga vida.

Contrario a negociar con España una paz sin independencia, en 1878 resultó el único diputado mambí que se negó a renunciar y consignó su voto en contra en el acta de disolución de la Cámara, hecho que dio lugar al denominado Convenio del Zanjón.
Al imponer Estados Unidos, en 1901, la Enmienda Platt, Cisneros Betancourt respondió con la misma lógica de dignidad y defensa de la independencia absoluta de Cuba.

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