Amado Maestri, probidad y valentía

La Habana (PL).- Para alcanzar un reconocimiento generalizado en una profesión tan difícil como la de árbitro de béisbol, se requieren  dominio de sus complejas reglas y valentía para aplicarlas, atributos que hicieron grande al cubano Amado Maestri.
Los apasionados seguidores del considerado pasatiempo nacional en varios países, en reiteradas ocasiones culpan  de las derrotas de sus equipos preferidos a decisiones de los jueces, quienes también han sido víctimas de  agresiones físicas de peloteros.
Sin embargo, en Maestri coinciden las opiniones de que el hombre que impartió justicia desde 1936 a 1962 en Cuba y México era un ejemplo a imitar porque, como todo ser humano podía errar, pero actuaba con  honestidad y autoridad.
Después de fracasar como jugador del club Cubaneleco,  del torneo de la Unión Atlética Amateur de Cuba, debutó como juez en la liga profesional de su país, en la cual se “ganó el respeto por su manera de ser y no por la cantidad de peloteros que expulsaba”, según el expitcher Conrado Marrero, recientemente fallecido.
Ese criterio lo expresó antes Eladio Secades, el más brillante comentarista deportivo cubano, cuando escribió que entre los muchos factores que contribuyeron a que el baseball llegara a alcanzar en Cuba la preponderancia, el crédito popular y la idolatría “hay que incluir el prestigio que Maestri le dio a la misión encomendada a los árbitros”.
“En Maestri terminaron los desahogos de impertinencia,  las perturbaciones por sistemas, los abusos engendrados por los árbitros que permitían que la tolerancia de ellos alcanzara categoría de humillación”, consignó.
No puede ocultarse, consideró, que con la aparición de Maestri “se terminaron las alteraciones del orden, porque los revoltosos que tantos había en el baseball llamado independiente sabían que en boca de Maestri el pan era pan, y el vino, vino…”.
EJEMPLOS EN CUBA Y MEXICO
Un ejemplo de su firme forma de actuar ocurrió en 1945 cuando en un desafío en el habanero estadio de La Tropical él dio una lección a un popular jugador  del club Almendares, que lo estaba molestando.
Después de  detener el partido en el tercer inning el árbitro fue al dogout y llamándole por su nombre le expresó: “hace un buen rato le estoy escuchando decir cosas incorrectas. Recuerde que los que están en las graderías no pagaron por presenciar que  lo expulsé, sino que vinieron a verlo conectar un gran batazo”.
Otra demostración del recto proceder de quien Marrero consideraba el mejor árbitro cubano de todos los tiempos, la brindó Maestri al enfrentar  el 4 de junio de 1946 en  el parque Delta, de Ciudad de México, al magnate Jorge Pasquel, dueño del equipo local y presidente de la liga de verano.
El cubano  expulsó del juego al manager y catcher del club México, Mickey Owen, por montar un show tras una decisión en home, pero quien después del partido le manifestó: “perdóneme umpire, yo comprendo que usted tenía razón”.
Maestri contó después que Pasquel bajó al terreno y le dijo que si tenía vergüenza abandonaría el campo en el acto “y yo le respondí que abandonaría el terreno y me iría de México al terminarse el juego, pero quien tenía que largarse en ese momento, sin perder un segundo era él… y lo boté”.
Al día siguiente Amado y el también árbitro cubano Raúl (el Chino) Atán cobraron sus salarios en la Liga Mexicana de Béisbol y volvieron a La Habana con el respaldo de los aficionados, que “me pedían autógrafos, me estrechaban la mano en escenas repetidas en todas las partes que llegaba”, recordó.
RECONOCIMIENTO EN MEXICO
Maestri ingresó en 1990 en el Salón de la Fama del béisbol mexicano, en el cual figuran otros 15 compatriotas, encabezados por Martín Dihigo, Ramón Bragaña  y Lázaro Salazar, los tres primeros.
El 4 de diciembre de 1955 en el entonces estadio del Cerro, hoy Latinoamericano, durante un desafío dominical transmitido a todo el país por televisión, un grupo de estudiantes se lanzó al terreno pidiéndole al dictador Fulgencio Batista (1952-1958) libertad para los presos políticos.
Las fuerzas policiales presentes atacaron salvajemente a los jóvenes frente a un público indignado. Visto por cientos de miles de personas, el hecho conmovió  a la opinión pública, recuerda el poeta y editor Norberto Codina, en su libro Cajón de bateo.
“Queda el ejemplo del ampaya principal que era Amado Maestri… que  en franca oposición  a los esbirros, asume la causa estudiantil en un gesto que la foto, la afición y el pueblo en general, guardarían para la historia”, señala.
En reconocimiento a la actitud de “la autoridad infalible de chaqueta azul” años después se instituyó el Día Nacional del Árbitro en esa fecha,  dedicada en el santoral cubano a Santa Bárbara-Changó.
Maestri no solo hizo historia por su ejemplar desempeño como árbitro sino que se destacó como luchador social, en defensa de sus compañeros, y,  oponiéndose a la presencia de umpires norteamericanos en la Liga Profesional Cubana, presentó el asunto en el Ministerio del Trabajo y lo ganó.
En su alegato argumentó que “en Cuba los hay tan capaces como ellos y a causa también de que en los Estados Unidos no utilizan los servicios de ampayas cubanos en los juegos de Grandes Ligas”.
Privado de su trabajo en la  norteamericana empresa Cubana de Electricidad en 1935 por participar en una huelga general y en la década de 1950 por ser considerado comunista durante la dictadura de Batista, Amado fue recibido con una gran ovación cuando, en 1958, volvió a ejercer sus funciones de árbitro tras salir de prisión.
Maestri se mantuvo en Cuba tras la eliminación del béisbol profesional en 1961 y el 14 de enero de 1962 actuó en la inauguración de la primera  Serie Nacional de béisbol, con participación de jugadores aficionados.
El 22 de septiembre de 1963 falleció con 53 años, víctima de un ataque de asma, el juez según el cual las cualidades que deben tener quienes imparten justicia son “rectitud tanto dentro como fuera del terreno… y, principalmente, un gran conocimiento del juego y de las reglas del béisbol y la indispensable psicología de los peloteros”.

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