Nosotros mismos nos quitamos el apoyo
Por Guillermo Robles Ramírez
Si nos sentamos a platicar sobre cómo han cambiado las cosas en Coahuila a lo largo de los años, les diría que los gobiernos estatales y municipales siempre han intentado echar una mano a la gente que más lo necesita, ya sea en las ciudades o en los ranchos apartados.
Los gobiernos estatales y municipales, a través de la historia y desde hace décadas, han impulsado acciones que, aunque no resuelven todo, sí han marcado una diferencia para familias que luchan día a día.
Recuerdo, por ejemplo, cómo en épocas pasadas se llevaban huertos familiares al campo, esos pequeños espacios donde la gente podía cultivar sus propias verduras y frutas, algo que no solo ponía comida en la mesa, sino que enseñaba a ser autosuficiente.
Y no solo eso, también repartían despensas con lo básico como el arroz, frijoles, aceite, y sus famosas brigadas de salud que llegaban a los pueblos remotos para vacunar a los niños o chequear a los abuelos, y programas de protección infantil que, bueno, intentaban dar un respiro a los padres preocupados por el futuro de sus chiquillos.
En las zonas urbanas, la cosa no era muy diferente. Se apoyaba con iniciativas parecidas, pero adaptadas a la vida de la ciudad. Tal como aquellas becas para la escuela, o ayuda para el pago de servicios básicos. Y por mencionar algo concreto que muchos recordamos, allá por los años ochenta y noventa, se distribuía leche en polvo, porciones de queso y otros alimentos que ayudaban a estirar el presupuesto familiar.
Imagínense a una mamá en Saltillo o Torreón, con tres o cuatro hijos, recibiendo esa bolsita de provisiones; era un alivio enorme, especialmente para garantizar que los niños tuvieran una alimentación decente. No era perfecto, claro, a veces las filas eran eternas y uno se preguntaba si valía la pena el esfuerzo, pero en el fondo, sí ayudaba a miles de hogares en todo el estado.
En mi experiencia, platicando con amistades de Monclova, muchos contaban cómo esos apoyos les permitían ahorrar un poco para emergencias, como una visita al doctor o reparar el techo de la casa después de una tormenta.
Ahora, sin restarle méritos a esos gobiernos del pasado, porque hicieron lo que pudieron en sus tiempos, el actual, bajo el mando del gobernador Manolo Jiménez Salinas, ha llevado las cosas a otro nivel.
Han multiplicado esos esfuerzos, especialmente en estos años de crisis económica que han pegado fuerte, con la inflación y los precios que suben como espuma. Según datos recientes del INEGI, en 2024 la pobreza en Coahuila bajó al 12.4%, colocándonos como el cuarto estado con menor pobreza en todo México, y la extrema solo al 0.8%.
Eso no cae del cielo; es resultado de políticas que se han intensificado. Pero, lamentablemente, siempre hay quienes abusan. ¿Han oído esas historias de gente que, sin necesitarlo realmente, se las arregla para meterse en los padrones y quitarle el apoyo a quien sí lo requiere? Es frustrante, pero esa es una triste realidad que por unos cuantos listillos que se aprovechan, se echa a perder lo bueno, y obliga al gobierno a repensar todo, es decir, a cambiar los esquemas, reestructurar los formatos, hacer auditorías más estrictas.
Es como cuando uno organiza una reunión familiar y descubre que alguien se lleva la mitad de la comida sin compartir; al final, hay que poner reglas para que todos salgan beneficiados. Precisamente por eso, el gobierno estatal creó un programa que, por su enfoque en la gente más vulnerable, se ha convertido en un modelo para otros estados.
Me refiero de algo que empezó como una idea innovadora para entregar recursos económicos directamente a los desamparados, asegurando que llegue sin intermediarios corruptos. Al principio, era como un «monedero electrónico», no dinero en efectivo, pero sí depósitos mensuales en tarjetas, desde 200 hasta 500 pesos, para canjear por alimentos básicos en supermercados participantes.
Dicho programa dependía mucho de la valoración socioeconómico de la situación de cada familia, si era una viuda con hijos pequeños en un barrio pobre de Piedras Negras, quizás recibías lo máximo; si eras un jornalero en el campo con ingresos irregulares, un poco menos.
Fue una experiencia mixta, en donde, por un lado, ayudó a miles, imagínense a una familia en Ramos Arizpe comprando leche y tortillas sin preocuparse tanto por el fin de mes, pero por otro lado, los abusos hicieron que el gobierno abriera los ojos y ajustara el rumbo a mediano plazo.
Al arrancar el año, muchos beneficiarios en los 38 municipios se alarmaron porque no vieron el depósito en sus tarjetas. «¿Qué pasó?», se preguntaban, y con razón, porque para infinidad de coahuilenses, ese apoyo es vital. No dudemos de su nobleza; es como un salvavidas en medio de la tormenta. ¿Qué motivó el cambio?; pues el abuso de quienes, sin necesidad real, se colaban en el sistema. Gente con trabajos estables o propiedades que falsificaban datos para obtener la tarjeta.
Para combatir eso, en el presupuesto de 2026, el gobernador Manolo Jiménez Salinas destinó 5 mil millones de pesos a lo que ahora se llama «Mejora Coahuila», un programa ampliado que no desaparece, sino que se fortalece. Es un compromiso público; acabar con los vivales que aprovechan las buenas intenciones, mientras se actualiza el padrón para que sea más real y justo.
Ahora incluye no solo alimentos, sino créditos para emprendedores de 10 mil a 30 mil pesos sin intereses para micros, y hasta 2 millones para medianos; becas educativas para jóvenes en situaciones difíciles, empleo temporal para mamás cuidadoras, y apoyos en salud y obras sociales.
Pensando en una anécdota que me contaron; una señora de Acuña, que perdió su empleo durante la pandemia, usó uno de estos créditos para empezar un pequeño negocio de tamales. Al principio, dudaba, pero con el apoyo inicial y sin tasas que la ahogaran, logró sacar adelante a su familia.
Historias como esa multiplican el impacto. Y no es solo en lo económico; estos programas fomentan la comunidad, como las brigadas que ahora incluyen talleres de nutrición o prevención de enfermedades.
En 2023-2024, con datos del INEGI, quedó registrado cómo el acceso a servicios de salud en Coahuila es de los mejores, con solo 20.3% en carencia, y la seguridad social cubre al 76.6% de la población. Eso refleja que los cambios funcionan.
Pero, ¿saben qué?, nada es eterno, y siempre hay que vigilar. El gobierno está trabajando en padrones digitales, con verificaciones cruzadas con el INEGI y otras instituciones, para que el apoyo llegue a los verdaderos marginados, es decir, esas familias en los ejidos de la Laguna que luchan con la sequía, o los barrios obreros de Sabinas donde el empleo minero ya no es lo que era. Es un proceso, con sus tropiezos, como cuando un sistema nuevo falla y deja a alguien sin depósito por un mes, pero el fin es noble.
Imagínense si todos respetáramos estos programas como algo sagrado para los que menos tienen; Coahuila sería un ejemplo nacional aún mayor. En resumen, les digo, estos esfuerzos no son solo números en un presupuesto; son vidas que cambian. Con la expansión en 2026, incluyendo nuevos enfoques para mujeres y niños, como esos microcréditos a tasa cero y becas de al menos 10 mil pesos, en donde se busca no solo aliviar el presente, sino construir un futuro más sólido. ¿No les parece que eso es lo que hace grande a un estado? Reflexionando un poco, en estos tiempos inciertos, programas como Mejora Coahuila nos recuerdan que, con voluntad, se puede hacer la diferencia. Y ojalá sigamos así, paso a paso, sin olvidar a nadie. (Premio Estatal de Periodismo 2011 y 2013, Presea Trayectoria Antonio Estrada Salazar 2018, finalista en Excelencia Periodística 2018 representando a México, Presea Trayectoria Humberto Gaona Silva 2023) www.intersip.org
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