Las entrañas del poder: Cabildo amigo

Por Olegario Roldan

“Ni nos perjudica, ni nos beneficia, sino todo lo contrario» 

Luis Echeverría Álvarez

¿Quién necesita enemigos?

En un acto de purísima “coordinación institucional” —de esos que hacen suspirar a los manuales de civismo— el Cabildo de Puebla decidió, con 19 votos a favor, autorizar que Pepe Chedraui firme un convenio con el Gobierno del Estado para encargarse de algo tan menor como la recaudación y administración del impuesto predial. Nada grave, apenas el control de una de las principales fuentes de ingresos municipales. Pero tranquilos: seguro todo es por eficiencia, nunca por concentración de poder.

Desde luego, los regidores del PAN, siempre tan alarmistas, han osado insinuar que esto podría vulnerar la autonomía municipal. Qué exageración. ¿Desde cuándo ceder funciones clave al Estado equivale a perder control? Seguramente es solo una coincidencia administrativa que ahora los recursos capitalinos pasen a una ventanilla más… centralizada. Modernización, le llaman y piensan que descubrieron el fuego.

Tiempo de bardas 

Y mientras en las alturas se redefine quién cobra y quién administra, en las bardas de la ciudad florece otra tradición muy poblana: la promoción anticipada que “no es promoción”. Porque claro, aunque el Código de Instituciones y Procesos Electorales del Estado y el COREMUN —ese documento que pocos leen pero muchos infringen— prohíben con toda claridad la promoción personalizada antes de los tiempos electorales, aquí siempre hay margen para la creatividad interpretativa.

Los actores políticos, con esa inocencia que enternece, juran que ellos no pintan nada, no mandaron a nadie y, en esencia, no existen. Lástima que la ley sí los contemple, incluso cuando prefieren hacerse invisibles. Para esos casos incómodos está la figura de los “responsables solidarios”, ese pequeño detalle jurídico que arruina narrativas de deslinde exprés.

Pero no nos confundamos: esto no es cuestión de opiniones ni de percepciones malintencionadas. No es un debate filosófico sobre la estética urbana ni una discusión semántica sobre qué significa “promoción”. Es, simple y llanamente, legalidad. Esa vieja conocida que suele invocarse cuando conviene y olvidarse cuando estorba.

Así que entre convenios estratégicos y bardas milagrosamente autografiadas por nadie, Puebla sigue dando cátedra. No de autonomía ni de respeto normativo, claro, sino de esa habilidad tan refinada para doblar la realidad sin que parezca que se rompe.

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