Indetenible epidemia de violencia policial en Estados Unidos

La Habana (PL) La violencia policial en Estados Unidos amenaza con convertirse en un mal endémico y a las más de 500 muertes de personas, cifra que se llegó en los primeros días de junio, pudieran sumarse muchas más.
Esto si no hay una acción judicial que frene las prácticas fuera de control de los agentes, estiman activistas y analistas del problema.
Recientemente el sitio digital Global Research abordó este asunto y lo calificó de epidemia a nivel nacional, al constatar que solo en los primeros siete días de junio  los uniformados estadounidenses ultimaron a 20 personas.
La víctima mortal número 500 de 2015, de acuerdo con una base de datos de homicidios policiales, se produjo a inicios de la segunda semana de junio cuando los miembros del equipo SWAT del condado de Maricopa acribillaron a Richard Warolf, de 69 años.
La noche siguiente, un oficial en Des Moines, Iowa, disparó y mató Ryan Bollinger, un joven de 28 años, desarmado, luego de dispararle desde un coche patrulla después de una persecución de dos minutos, agrega la información de la publicación canadiense.
Según la denuncia, el sistema judicial estadounidense protege a policías asesinos de la persecución y cita el caso del fiscal del condado de Cuyahoga Tim McGinty, quien desestimó un fallo de un juez local que encontró que los policías involucrados en el tiroteo de Tamir Rice en Cleveland, Ohio, el año pasado podría ser acusado de un delito.
Al respecto de esta crisis, el periódico británico The Guardian dio a conocer su propia base de datos de homicidios policiales de Estados Unidos, dando una vista más detallada que cualquier otra lista similar.
Ese rotativo reveló que la policía estadounidense mató a más personas en los primeros 24 días de 2015 que las fuerzas policiales de Inglaterra e Irlanda juntas en los últimos 24 años, y que esa agencia estadounidense mata a más personas cada semana que la de Alemania en un año entero.
En otra ilustración del accionar de los agentes estadounidenses, el diario encontró que la policía en Pasco, Washington (con una población 67 mil 599 personas) disparó más proyectiles a un sospechoso desarmado, Antonio Zambrano-Montes, que los que sus similares de Finlandia (con una población de 5,4 millones) utilizaron en todo 2013.
Pese a los miles de homicidios de la policía durante la última década, sólo 54 funcionarios fueron acusados, según un estudio realizado en abril por The Washington Post y la Universidad Estatal de Bowling Green.
Al abordar la impunidad con la que actúan los policías norteamericanos, Global Research asegura que la excepción es el caso del exoficial de policía de Carolina del Sur Michael Slager, quien fue acusado este mes por el asesinato de Walter Scott.
Señala que el departamento de policía inicialmente trató de encubrir el hecho, pero se vio obligado a cambiar su historia después que el vídeo de un transeúnte mostrara a Slager disparando contra Scott, desarmado, y por la espalda cuando trataba de huir, y luego plantó un arma cerca de su cuerpo.
La muerte de personas a manos de los uniformados es un goteo de una pila que si no se repara pudiera ampliar el récord de asesinatos en el país.
Así, el afronorteamericano Richard Gregory Davis murió a manos de agentes de la policía de Rochester, estado de Nueva York, a causa de disparos con una pistola eléctrica Táser, según informes de las autoridades.
Gregory, de 50 años y padre de seis hijos, sufría de problemas respiratorios y según testigos los uniformados utilizaron la fuerza innecesaria, algo que ya es recurrente y que acapara las críticas de sectores políticos y comunitarios en el país.
La versión oficial señala que el sujeto chocó su vehículo contra un automóvil, minutos después contra una Iglesia y finalmente huyó a pie.
Horas después, agrega, volvió a su vehículo y chocó de nuevo contra un cartel de una carretera local, donde fue interceptado por agentes que le solicitaron salir del vehículo, pero este se negó.
El jefe de la Policía de Rochester, Michael Ciminelli, indicó que Davis abandonó el vehículo de manera agresiva por lo que un agente utilizó la Táser para detenerlo, lo que provocó que el afroestadounidense sufriera una descomposición y fue trasladado a un hospital, donde murió minutos más tarde.
Problemas como este hacen que cada día sean más los que ponen en duda que la policía se vea obligada a usar la fuerza y dudan sobre la honestidad de los agentes.
Un  informe aireado por el diario The New York Times aseguró que en esa urbe las muertes a causa de la utilización de las armas de fuego aumentaron por segundo año consecutivo, algo que no ocurría desde la década de los 90.
Por esa causa hasta el mes de mayo de 2015 se registraban un total de  98 fallecidos, en contraste con 69 en 2013 y 2014.
Sin embargo, el problema no se circunscribe a Nueva York, un vistazo por el país ilustra que en toda la geografía estadounidense la violencia desplegada por los uniformados, muchas veces injustificada, cobra más víctimas, en especial entre negros y latinos.

LA PISTOLA TÁSER Y SU UTILIZACIÔN
La pistola Táser fue diseñada para incapacitar a una persona o animal mediante descargas eléctricas que imitan las señales nerviosas y confunde a los músculos motores del cuerpo, principalmente brazos y piernas, inmovilizando al objetivo de manera temporal.
El Táser moderno dispara dos dardos que contienen los electrodos que se conectan con el arma mediante unos alambres de metal, y su uso está autorizado generalmente en niveles de amenaza muy inferiores al que requiere el empleo de armas de fuego.
Su utilización es repudiada por parte de organizaciones de derechos humanos y el Comité de las Naciones Unidas contra la Tortura, sin embargo en manos de la policía se plantea que puede llegar a disminuir el riesgo de muerte en determinados casos.
Al margen de su letalidad, según admitió la compañía Táser International, su impacto produce un fuerte dolor en la persona atacada sin dejar grandes marcas, por lo que los cuerpos de policía puede emplearla como mecanismo de tortura encubierta.
Las agencias policiales en Estados Unidos y de otras partes del mundo defienden el uso de las armas Táser alegando que salvan vidas y se pueden usar para someter a sospechosos peligrosos o que se niegan a cooperar.
El problema racial y el uso de la fuerza policial en el territorio estadounidense es un tema caliente desde que el adolescente afronorteamericano Michael Brown resultara ultimado a balazos en agosto de 2014 en Jefferson, Misouri.
Lo cierto es que la ley protege a los agentes facultados para disparar si estos consideran que en una detención o enfrentamiento está en peligro su vida o la de otros ciudadanos, pero llama la atención que casi siempre son los negros o latinos los perjudicados.
Esta situación provoca que en muchas comunidades donde hay una gran presencia de negros y latinos, los pobladores prefieran escapar cuando por algún incidente acuden los uniformados para evitar servir de blanco a los agentes.
Ahora, hay un incipiente debate que pudiera poner freno a los uniformados. Existen más partidarios de que lleven cámaras en su equipamiento, lo que permitiría grabar sus acciones y desalentarlos en el uso excesivo de la fuerza.
Mientras tanto, la epidemia amenaza con extenderse y agregar nuevas víctimas mortales, en la mayoría de los casos personas inocentes.

Deja un comentario