El Sendero de los Iluminados: El Resplandor de la Oscuridad
Por Alan Prado
Llegamos al mundo envueltos en Oscuridad, sacados de la calma para experimentar la lenta y dura realidad del tiempo.
La niñez florece de manera efímera, pura como una flor blanca antes de enfrentarse a la lluvia y a la pérdida.
La adolescencia arde con ansias y rebeldía, convencida de que puede triunfar sobre el destino mientras se mueve sobre escombros imperceptibles.
Luego irrumpe el desgaste:
los recuerdos se vuelven más pesados que los anhelos,
y el espíritu se adapta a ocultar sus heridas.
La senectud dobla el cuerpo hacia el suelo,
como si la carne recordara su origen verdadero. Y entonces, la muerte despliega sus alas sombrías, no como un castigo, sino como el retorno inexorable al mismo silencio que existía en el inicio.
En el Sendero del conocimiento no progresas solicitando autorización, progresas quebrando ataduras. Junto a la sabiduría descubres que el tropiezo no siempre implica fracaso, a menudo es el comienzo del verdadero ascenso.
Resurge de tus desolaciones, controla tus temores, convierte el sufrimiento en fortaleza y la penumbra en entendimiento.
Aquellos que se atrevan a explorarse a sí mismos se transforman en inquebrantables. No viniste al mundo para deslizarte entre las sombras de los demás… viniste a avivar tu propia luz.
La existencia en sí es el único propósito necesario. No hay obligaciones que cumplir, ni pruebas que demostrar, ni legado que preservar.
La simple condición de vivir constituye, por sí misma, el objetivo más alto. El único sendero hacia una vida auténtica, plena y emancipada, es el descubrimiento de uno mismo: la autorrealización, que desintegra el ego y revela que ya eres la totalidad que anhelas.
AMEP 11:11 (Alan Prado).
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