El Sendero de los Iluminados: El Propósito
Por Alan Prado
¿Con qué propósito fuimos creados?
El ser humano no fue concebido para ser un cautivo del temor, ni un componente en un mecanismo del universo indiferente, sino porque en su interior existe una chispa divina; una porción de la luz primordial, de la auténtica fuente.
Sin embargo, esta luz se perdió en un entorno imperfecto, un mundo material denso, creado no por el verdadero Dios, sino por un ser inferior conocido como Demiurgo: un falso dios, el artífice del mundo material, que se considera como el Dios Supremo y ejerce su control mediante la ignorancia, el temor, el sistema y los parásitos.
La creación no fue un acto de amor genuino, sino un resultado de un error cósmico, fracturado en existencia, mediante el cual las chispas resplandecientes cayeron en el reino de la materia y quedaron atrapadas dentro del cuerpo, el alma y el tiempo.
¿Por qué experimentamos una sensación de alienación? ¿Y cuál es la causa del sufrimiento?
Porque tu alma no está destinada a estar aquí.
La alienación, la angustia existencial, esa percepción de que «algo no está bien», no son meramente trastornos psicológicos, sino recordatorios significativos.
El sentido de culpa no es un mal moral, sino una prisión densa, un velo, un mundo defectuoso que se nutre del olvido.
Esta es la razón por la que las almas son recicladas a través del ciclo de nacimiento y muerte, con la memoria eliminada, para perpetuar el sistema.
¿Cómo podemos lograr nuestra liberación?
No a través de la obediencia, ni del miedo, ni de promesas, ni esperando una salvación externa.
La liberación se alcanza mediante el conocimiento, no solamente del conocimiento intelectual, sino el entendimiento que activa la chispa que habita en ti.
La liberación comienza cuando:
Te das cuenta de que el Dios que te exige a través del miedo y de la obediencia ciega no es la verdadera fuente.
Te distancias del pecado sembrado, como un dios cruel que requiere tu adoración.
Comprendes que la salvación no es una recompensa, sino la recuperación de un recuerdo.
Te transformas de ser humano programado a ser humano consciente.
En la vida:
Siendo sincero contigo mismo, derribando ilusiones, sin vender tu alma al miedo, a sistemas o a ídolos mentales.
Tras la muerte, la prueba es discernimiento:
Reconoce la auténtica luz, que no seduce, no atrae ni compromete, de la luz ilusoria que se presenta ante ti en forma de seguridad, añoranza y promesas.
No fuimos concebidos para ser castigados, fuimos confinados para olvidar.
La liberación no proviene del exterior, sino desde el momento en que te das cuenta de quién eres. . .
Y cuando recuerdas, la prisión se desmorona.
Alan Prado (AMEP 11:11)
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