Dicho sea de paso: El fracaso de una farsa

Confucio, el gran filosofo chino decía que: “Cuando sea obvio que tus metas no pueden ser cumplidas, no ajustes las metas, ajusta tus acciones”.

Iniciada ya la segunda mitad del sexenio de Enrique Peña Nieto, es evidente que la plataforma publicitaria que difundió las metas que pensaba alcanzar como presidente, y que marcaron la pauta de su campaña presidencial, está quedando exhibida como una farsa y la gestión del ejecutivo como un fracaso. La soberbia invade a una administración que pese a que no puede cumplir lo prometido se niega a cambiar sus fallidas estrategias.

México sigue sangrando. A casi un año de que el gobierno declaró haber acabado con el grupo delictivo la Familia Michoacana, esa entidad está muy lejos de haber recuperado la paz. El cambio de gobierno estatal, que quedó en manos de un perredista que presume su cercanía con el presidente de la República, vino a enrarecer el ambiente del estado convertido ahora en una zona disputada por los grupos delincuenciales situación que evidencia la debilidad institucional que no cambia, pero sí el color de la administración.

El caso, preocupante en sí, forma parte de una trágica realidad nacional y que es evidenciada también por la falta de contención de la violencia en Guerrero o el reciente asesinato de una joven presidenta municipal a tan solo 24 horas de haber tomado posesión en el estado de Morelos.

Cuando Enrique Peña se encontraba en campaña se comprometió a acabar con la violencia que se desató al combatir frontalmente al crimen organizado. Hoy las estadísticas hacen ver el fracaso de sus medidas, pues mientras que en el periodo de Felipe Calderón el promedio diario de denuncias por homicidio doloso fue de 42.9 en esta administración es de 46.7 denuncias al día.

Con Vicente Fox se iniciaron durante la primera mitad de su sexenio, 74,577 averiguaciones previas por este delito, en el actual sexenio van 49,780.

De acuerdo con cifras oficiales el número de homicidios dolosos cometidos en lo que va de esta gestión se ha elevado en 8.86 por ciento respecto a la administración calderonista y 25 por ciento respecto a la gestión del presidente Fox.

Todos estos datos dejan claro que en materia de seguridad la llamada “nueva estrategia” terminó siendo muy mala.

La radiografía económica es igual de deprimente, pues nos muestra un país estancado y a una población empobrecida.

Cuando candidato, el actual presidente de la República nos hablaba de tasas de crecimiento de 6 por ciento anual, pero hoy la realidad es que nuestra economía no creció más del 2.5 por ciento en el último año y la población en condiciones de pobreza es del 46.2 por ciento del total de los mexicanos.

Es innegable que las condiciones económicas internacionales han repercutido en el país pues formamos parte de una economía globalizada, pero lo que ha condicionado el estancamiento económico y social es atribuible al gobierno de la República.

El gobierno gasta mucho y gasta mal. A pesar de que el presupuesto promedio en estos tres años supera los 4 billones de pesos de pesos por año, el gasto público no contribuye ni al crecimiento económico ni a la erradicación de la pobreza.

Aún y con numerosos programas sociales destinados a atender a los pobres, el manejo político de los mismos es causa de que se los utilice para mantener a los beneficiarios en ese estatus, pero no para que logren abandonar esa condición.

La maquinaria priista, incrustada ahora en el gobierno, maneja los recursos antipobreza para ampliar su base electoral y no para combatir la miseria de los más desprotegidos, pues es claro que si la pobreza abarata el precio del voto, a los que están acostumbrados a comprarlos no les conviene que los pobres sean menos.

Es irracional que se sigan destinando recursos para mantener a los pobres en vez de utilizarlos para generarles condiciones que favorezcan su desarrollo.

Es necesario invertir en infraestructura y llevar la inversión pública y privada a esas comunidades donde la gente necesita oportunidades.

Pero esto no se logrará mientras el Ejecutivo continúe con la estrategia de la farsa.

No se puede hablar de finanzas sanas cuando la deuda no para de crecer, ya que esta al día de hoy alcanza ya el 47 por ciento del Producto Interno Bruto; sólo para el pago de intereses se destinan 400 mil millones de pesos, más que lo que se designa a programas de desarrollo social, educación o carreteras.

No hay equidad tributaria cuando se ha desatado una persecución a los contribuyentes y se amenaza con que este año habrá una campaña de terrorismo fiscal mientras el gobierno condona 3,100 millones de pesos de impuestos a la viviendera GEO.

No se favorece al productor y comerciante nacional cuando el gobierno gasta menos y paga mal.

Al mes de octubre de 2015, el gasto en inversión física del gobierno federal cayó 9.5 por ciento respecto al periodo enero octubre del año previo.

El gobierno retrasa sus pagos a proveedores e incluso, PEMEX, modificó sus normativas para realizar sus pagos pasados de 15 días a seis meses.

El futuro del país depende de un cambio de acciones y aunque parece imposible que el gobierno cumpla lo prometido en campaña debería de esforzarse por no dejar al país peor de como lo recibió.

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