Desafío

*Cuestiones de Edad
*Hipocresía o Dilema
*Aquellas Poquianchis

La edad sobre los hombres desalienta a muchos ante la proximidad de la inevitable decrepitud. Lo preocupante, en México, es que los octogenarios e incluso los nonagenarios, en perfecto estado físico para asombro de los geriatras, busquen todavía un sitio en la política; más cuando su legado es de sobra conocido y positivo de manera incontrovertible. Varios de ellos saben, y están convencidos, que cuando les llegue la hora final serán homenajeados como no lo han sido durante su existencia, salvo excepciones contadas, y lamentaremos las ausencias, las de algunos nada más, cuando sintamos el tremendo vacío que dejarán.
Una muestra: el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas Solórzno cumplió ochenta años en mayo pasado, en el día del trabajo nada menos para convertirse con ello en el primer infante en correr por los añorados jardines de Los Pinos que, para desgracia suya, no pudo volver a disfrutar erigido en mandatario, sólo como visitante algunas veces, muy contadas. No tengo duda acerca de la lucidez del hijo del Tata –quien, por cierto, falleció en octubre de 1970, a los setenta y cinco años, un lustro menos de los cumpleaños que sobrelleva su descendiente más emblemático-, sino de que la salud le haga trampa y no sea posible para él mantener la marcha de las izquierdas divididas como si se tratase de una estrategia para beneficiar al continuismo peñista –pese a la enfermedad del presidente en funciones que ha causado estragos en su organismo en unos cuantos meses-.
Por cierto, nada mejor para el PRI que desunir a sus oposiciones. Es la manera de mantenerse con sus votantes “duros”, que no bajarán del treinta por cierto, mientras sus adversarios se pulverizan sin remedio; por ello, claro, pese a las resistencias de algunos consejeros de altos vuelos, se optó por dar entrada a tres nuevos partidos: la MORENA de López Obrador, cernida sólo a las directrices del icono sin réplica posible, y otros dos que surgieron de la chistera del mago, uno, el PES, con el dinero estadounidense enviado a las sectas religiosas; y el otro, el Frente o Partido Democrático, acaso auspiciado por lo más oscuro de la derecha, digamos felipe calderón, en pleno goce de la impunidad recurrente. Y dicen que los mexicanos tendremos “más opciones”. Un buen libreto de carpa.
Obviamente, con la edad, se ganan otros atributos como, por ejemplo, vadear las prisiones pese a delitos monumentales. Por ejemplo, luis echeverría álvarez, amparado, restó su terror a ser encarcelado gracias a su longevidad: ya tiene noventa y tres años, los mismos que hoy cumpliría mi padre de no ser por los criminales del poder que lo condujeron al “Filo Mayor” en febrero de 1986; pero algo quedó: por el soy periodista –la abogacía se quedó en la pared de mi despacho en forma de título-, y tengo, además, un después con la satisfacción de ver crecer a mi estirpe. Es un enorme orgullo ante la maledicencia de la envidia, los rencores de nuestros enemigos –no tenemos uno solo que esté libre de culpa-, y la aplastante mediocridad rencorosa. Pero, con muchas limitaciones –sobre todo presupuestarias-, estamos y no callamos. Y esta es la mejor herencia que pude recibir hace ya veintiocho años. Entre ciertas presencias abominables ya decrepitas y las dolorosas ausencias suele existir un abismo, el de la dignidad.
Como sabemos, echeverría fue acusado por genocidio en torno a las matanzas de Tlatelolco, en 1968, y del Jueves de Corpus en 1971. Es absolutamente culpable, pero ha tenido la suerte de sobrevivir a quienes, contemporáneos suyos, conocían la trama auténtica. Por ejemplo, Fernando Gutiérrez Barrios, de Veracruz, que se llevó a la tumba una infinidad de notas informativas, escritas en pequeñas tarjetas de cartón, desaparecidas como los célebres archivos de Edgar J. Hoover, el fundador del FBI, homosexual cuya hipocresía le llevaba a señalar por lo mismo y otras veleidades a no pocos de sus enemigos, entre quienes se contaban los hermanos Kennedy a quienes elaboró expedientes sucios hasta por sus ligerezas de alcoba –con mujeres como Marylin Monroe, por ejemplo-. (Uno de los atractivos para quienes visitan la Casa Blanca sigue siendo observar el pasadizo que construyó John, cuando ocupó la oficina oval –menos de tres años, por cierto-, para que pudiera penetrar por allí la despampanante rubia hasta llegar a los aposentos privados y cercanos a la recámara de Jacky, su esposa). El poder mueve montañas y excava las profundidades hasta que llega a los inframundos.
Pues bien, echeverría sólo debió sufrir un perentorio arraigo si bien fue el primer ex presidente en ser juzgado en toda forma y obligado a asistir a las diligencias de la Fiscalía Especializada en Delitos del Pasado cuyos integrantes sudaron tanto en la presencia del inculpado como él mismo, sin disimulo de su miedo reflejado en su rostro… el mismo que se contrajo, asustadizo, ante las protestas en Estados Unidos y en aquella memorable jornada en la UNAM en donde fue apedreado y rescatado por el entonces coronel Jorge Carrillo Olea quien ganó así el espacio necesario para hacer carrera política. Y como nonagenario que es, echeverría tendrá el privilegio de morir en su casa, acaso reverenciado por el establishment, más temprano que tarde aunque se mantenga, en apariencia, fuerte. No lo está, por supuesto, luego de la humillación sufrida y la partida, hace años ya, de su vigorosa esposa María Esther.
Pero no siempre acertamos los cronistas del México de hoy, especialmente por las tantas confusiones a las qu dan lugar las deformaciones informativas de los voceros gubernamentales que intentan salir del atolladero de sus imprecisiones con más y mayores tonterías, tantas que provocan las dudas de una comunidad considerada escéptica por el ardor de las mentiras recurrentes. No somos tontos pero eso creen en la cúpula del poder, por desgracia. Y de allí los montajes deplorables; las entregas concertadas de capos relevantes, el primero Joaquín “El Chapo” Guzmán quien acaba de organizar –dicen- una protesta en el Penal del Altiplano –el de Almoloya, claro-, con el concurso de Edgar Valdez Villarreal, “la Barbie”, demostrándose las facilidades para que los reos puedan comunicarse entre sí pese a las normas de alta seguridad; y las distorsiones de los funcionarios que no saben atajar las preguntas elementales de los reporteros.
Tal es el caso del procurador Jesús Murillo Karam, ex gobernador de Hidalgo como tiene que ser, quien determinó la libertad de la célebre Rosa del Carmen Verduzgo, “Mamá Rosa”, por considerar que no era motivo de imputación alguna… por su edad y su deterioro físico. En estos días cumplirá ochenta años rodeada de sus afectos, se supone, y mientras doscientas cincuenta denuncias contra ella son eludidas por la autoridad para evitar el enfado de los poderosos influyentes, como los fox –no olvidemos que la señora en cuestión tenía su “Casa de Familia” en Zamora, Michoacán, cuna de marta la de las muchas faldas-, y algunos precipitados impresionados por la versión de la anciana sobre la manera en la que acogía a centenares de niños para mantenerlos hacinados, cuando menos, y según algunos testigos –quienes pudieron ser “preparados”-, incluso víctimas de abusos de todo tipo, incluyendo los sexuales. Es imposible precisar, por ahora, si se trata de un ángel o un demonio… aunque los referentes más apuntan a lo segundo.
Pero, claro, el gobierno la hizo víctima y el prestigio de tal condición es, en México, inapelable. Y saltaron los que quieren ganar exclusivas sin conocer el fondo de las cuestiones y algunos intelectuales urgidos de candilejas para que no los ubiquen, como creen que lo serán, en la infamada Rotonda de los Hombres Ilustres -¿y las mujeres que yacen allí?-, alquilada para una fiestecita de la sobrina del intocable calderón y con permisos de un perredista, el delegado de Miguel Hidalgo, Víctor Hugo Romo Guerra. ¿Había necesidad de un operativo militar para atraparla cuando por Michoacán merodean algunos de los peores mexicanos, criminales de altos vuelos, como los capos conocidos con falso misticismo? Es obvio que no. Hubiera bastado con un par de gendarmes bien habilitados y con energía. Sólo eso. ¿Para qué tanto ruido? Es obvio: fue un fenómeno distractor en plena descomposición del régimen en curso.
Debate
Los dilemas nacionales suelen convertirse en pantanos de hipocresías. Lo mismo si se trata de la impunidad de la que gozan los ex mandatarios como cuando aparecen casos tan complejos como los de la francesita Florence Cassez, la heroína del narco reverenciada en su patria, o de la igualmente célebre Rosa del Carmen Verduzgo, “Mamá Rosa”, quien ha sido protagonista de una telenovela real, sin ficciones ni diálogos incendiarios salvo los de los precipitados, aun cuando la PGR retiene e imputa cargos graves a cinco de sus colaboradores. Si esto es así, la señora de referencia quedará estigmatizada.
Esta suerte de dilemas nos convierte, por razones naturales, en escépticos y rencorosos. Pese a ello, inexplicablemente, los mexicanos no saben aplica siquiera las sanciones sociales contra los peores predadores de nuestro tiempo. Ya he contado las reverencias que le hacían en San Miguel de Allende, en compañía de Enrique Fernández Martínez, quienes le veían como si fuera el mayor atractivo turístico de la ciudad de sus primeros amores.
Y una amiga de esta columna, me refirió que, no hace mucho, observó a calderón saliendo de un restaurante adjunto al que ella estaba, rodeado de decenas de personas que querían tomarse una fotografía con él. Benditos celulares que han convertido a los usuarios del servicio –millones de mexicanos-, en reporteros en potencia pero también en nichos de vanidades fortuitas. Si se observa a una celebridad, sea quien fuese, más allá de condenas o aplausos, se siente la necesidad de poseer su imagen como si se tratara de una especie de maleficio. Hasta se convulsionan solicitando la fotografía inevitable. ¡Y pobre de aquel que se niegue! (Como a este columnista no lo acosan tanto, disfruta esos momentos).
Esto es prueba no sólo de la amnesia colectiva sino del peor de los dilemas: si estamos cerca de un personaje, aunque sea tan turbio como calderón, ¿vale la pena acercarse al mismo para exaltar su vanidad? Sería útil reflexionar sobre ello.
La Anécdota
En San Francisco del Rincón, allá mismo en donde tienen sus mayores heredades los fox, incluyendo su templo faraónico para su propia exaltación, aparecieron las célebres “Poquianchis”, meretrices sucias que enterraban a sus pupilas cuando dejaban de serles útiles o contraían alguna enfermedad, casi siempre venérea. Tuve oportunidad de conocer a dos de ellas, colocadas en distintas prisiones porque ni entre las mismas había paz, y era impresionante la frialdad de sus relatos, contados como si hubieran sido servidoras sociales para aliviar las penas de algunos poderosos. A quien esto escribe, Delfina le llamaba “el general” y no sé a quien se refería porque no encuentro a ninguno con parecido.
Por eso, fue llamativo el caso de “Mamá Rosa” por ciertas connotaciones parecidas como el hacinamiento y la privación ilegal de la libertad para cientos de sus “protegidos” entre quienes hay algunos que, de verdad, la quieren cual si se tratase de un síndrome. La cuestión estriba en si tales “casas” como los albergues de ancianos y las guarderías –nunca me olvidaré de los crímenes de bebés en Hermosillo-, fueron concesionadas o abastecidas, con buenas comisiones de por medio, por las persignadas familias fox y calderón. Y ni por eso se actúa con rigor.
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Web: www.rafael-loretdemola.mx
E-Mail: loretdemola.rafael@yahoo.com
DE HIPOCRESÍAS ESTAMOS RODEADOS. LAMENTABLEMENTE, NO ESTAMOS EXENTOS LOS CRONISTAS Y CRÍTICOS DE ESTA ÉPOCA REBOSANTE DE CONFUSIONES, DE CAER EN ELLAS. POR ESO SE DUDA DE LAS VERSIONES OFICIALES Y LOS PERSEGUIDOS SE CONVIERTEN EN HEROÍNAS O HÉROES POR REPELER A LA CLASE POLÍTICA. ESTO NO ES OTRA COSA QUE UN SIGNO DE LA MAYOR DESCOMPOSICIÓN SOCIAL Y POLÍTICA DE NUESTRA HISTORIA.

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