Julian Santiesteban

A tiro de piedra: Manco único, el «Malo conocido»

Allí donde el mando es codiciado y disputado no 

 puede haber buen gobierno ni reinará la concordia 

Platón

Por Julian Santiesteban 

Ninguno de los once municipios de Quintana Roo abandonará el mando único policial, no en lo que resta de la administración de Carlos Joaquín González, pero no porque confíen en que los resultados positivos en materia de seguridad llegarán, sino porque será la manera más simple de “repartir culpas”, en lugar de asumir responsabilidades. El gobierno estatal y su estrategia serán el “malo conocido”, preferible, con el año de gobierno que resta, al “bueno por conocer”… ya llegará, después del 25 de septiembre del 2022, otro gobierno al que culpar. 

Este sábado, el secretario de Seguridad de Quintana Roo, Lucio Hernández Gutiérrez, afirmó que se reunirá con las once autoridades municipales que asumirán funciones el próximo 30 de septiembre, para acordar que haya continuidad en la estrategia de seguridad estatal, específicamente que se mantenga el mando único policial, porque las condiciones de las corporaciones municipales no son adecuadas para garantizar la integridad de los ciudadanos. El funcionario tiene razón, aunque la corporación estatal no está mejor que las de los ayuntamientos, de hecho, apenas hace una semana, el grupo Marea Verde, reveló que la mitad de los elementos de toda la entidad, no han aprobado los exámenes de control y confianza, ante lo cual siguen laborando como personal temporal, sin autorización de portar armas; a lo que se suma el déficit de más de 500 policías que se mantiene prácticamente desde el inicio de la actual administración; y por supuesto, el despido de más de 120 elementos corruptos, de acuerdo a declaraciones hechas por el anterior titular de la dependencia, Alberto Capella Ibarra, ahora conocido “asesor” en materia de seguridad. 

Ahora bien, los nuevos gobiernos municipales tendrán la llamada “curva de aprendizaje” entre septiembre y diciembre, tiempo durante el cual tomarán rumbo y control de la actividad pública, ¿para qué desgastarse en diseñar e instrumentar una nueva estrategia de seguridad? ¿Para qué generar rupturas que representen “golpeteo” político, si se puede seguir culpando de la falta de resultados a la fallida estrategia traída a Quintana Roo por Alberto Capella Ibarra? ¿Habrá mejores resultados con los gobiernos que inician y su coordinación con el gobierno estatal? No, esa es la respuesta lapidaria, pero siempre se tendrá el recurso de culpar a Capella Ibarra, a Lucio Hernández, que en los hechos siempre fungió como su subordinado, a la estrategia que, evidentemente, resultó insuficiente para aminorar la incidencia delictiva y que ahora tiene a Quintana Roo como la segunda entidad de la República en la que mayor percepción de inseguridad existe, y la 14 en incidencia real de la criminalidad. 

Luego entonces, los alcaldes y alcaldesas se reunirán con Hernández Gutiérrez, le reiterarán su adhesión al mando único, para que el estado siga arrastrando el desprestigio de los malos resultados, y aunque la seguridad es tarea corresponsable, es a los mandos estatales a los que se señala como directamente culpables de la situación, a pesar de que es el municipio el nivel de gobierno más cercano a los ciudadanos, es a los ayuntamientos a quien primero debiera demandarse labor efectiva. Sólo habría que acotar que los once municipios tendrán un año de “gracia” pero evadir la responsabilidad no puede ser eterno. A partir de que llegue el noveno/a gobernador/a, todos deberán repensar el tema de la seguridad de manera conjunta y, ahí sí, asumir la “culpa” que cada quien deba cargar. 

Porque el próximo gobierno estatal sí deberá construir e instrumentar una estrategia de seguridad, por lo menos diferente a la actual, que convenza a los quintanarroenses de que, en el combate a la criminalidad, se hace, también por lo menos, un intento real por modificar las actuales condiciones y percepciones. Por cierto, es importante desde ahora señalar que, aunque muy probablemente la siguiente administración será morenista, y aunque existan protocolos nacionales en las políticas públicas contra el crimen, apegarse solamente a la estrategia de “abrazos, no balazos” impulsada por la Cuarta Transformación Republicana, será por mucho insuficiente para construir un entorno de paz; sirva el adelanto para evitar el “discurso facilón.” 

COMENTARIO MORBOSO 

Hace poco más de una semana, un rumor lanzado desde la “oscuridad”, que propala que la capital de Quintana Roo será trasladad de Chetumal a Cancún, ha generado discusiones públicas estériles de contenido, pero preocupantes porque actores políticos y hasta medios de comunicación se han “enganchado” con el tema. Pretender el cambio representaría una profunda ignorancia de los procesos históricos locales, pero nos recuerda a todos que, en los últimos cinco años, ha habido incluso intentos de cambiar el nombre del municipio Benito Juárez, para ponerle solamente “Cancún”; otra muestra del desprecio público  que se tiene de los esfuerzos de los que construyeron el destino turístico más importante de Latinoamérica. 

Esas posturas, son precisamente las que dan fundamento a pensar que el despropósito de cambio de capital política de la entidad se intentaría, más aún con la enardecida negación desde los medios –menudo favor. – Desde los tiempos en que Remberto Estrada Barba gobernó Benito Juárez hubo ese tipo de “intentos”, también al inicio de la administración de Mara Lezama Espinosa. Es importante cuidar la imagen pública, mostrar la formación de los políticos del Partido Verde Ecologista (PVE), destacar que no son muy “verdes” para las responsabilidades que les han llegado. Si se piensa en encargos estatales, debe demostrarse que no es la casualidad, sino el mérito profesional, lo que les ha permitido escalar posiciones. 

Cabe decir, por último, que el rumor seguirá alimentándose, en tanto se esgriman estrategias simplonas de negación y sarcasmo, sobre todo en tiempo electorales; nada mal harían los actores políticos que piensan en el 2022, en construir un discurso más congruente, pero sobre todo de respeto efectivo a quienes acudirán a pedir el sufragio para el 05 de junio del 2022; así se observa desde aquí, A Tiro de Piedra. Nos leemos en la próxima. 

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