Un día más de luto

Por Guillermo Robles Ramírez
El mundo anda completamente atrapado estos días con el asunto de los aranceles que está impulsando Donald Trump desde la presidencia de Estados Unidos, y con las respuestas que tiran los otros países, cada uno contestando con medidas parecidas en una guerra económica que, en el fondo, todos sabemos que no le conviene a nadie a la larga.

Es como si esa discusión se hubiera apoderado de todo; las pláticas diarias, los titulares de los periódicos, las redes sociales, dejando relegados temas que en realidad tocan de manera mucho más cruda y cercana la vida de millones de personas. Un ejemplo clarísimo pasó justo ayer en el Día Mundial contra el Cáncer, que se conmemora cada 4 de febrero por impulso de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Unión Internacional Contra el Cáncer y el Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer, quedó casi invisible.

Mientras el ruido de los aranceles y las represalias comerciales seguía dominando las conversaciones entre amigos, políticos y en las redes, esta fecha tan importante para la salud global pasó desapercibido, como si no pesara tanto. Y sí pesa, y pesa mucho, en medio de tantas cifras económicas y debates sobre comercio, seguimos ignorando una realidad que mata en silencio a más gente de la que uno se imagina. Aunque el Covid-19 dejó un saldo brutal y las muertes acumuladas siguen sumando en las estadísticas, todavía no desplaza a las grandes causas de fallecimiento mundial.

Las enfermedades cardiovasculares como los infartos, derrames, problemas del corazón en general, siguen firmes en el primer lugar desde hace más de dos décadas, cobrándose alrededor entre 19 y 20 millones de vidas al año según los datos más recientes de la OMS y reportes como los de la American Heart Association en 2025.

En segundo lugar se mantiene el cáncer, con números que no bajan y que van en aumento preocupante. Según las estimaciones de GLOBOCAN 2022 así como aquellas confirmadas y citadas en reportes de 2024 y 2025 de la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer de la OMS; se registraron cerca de 20 millones de casos nuevos y unos 9.7 millones de muertes en ese año a nivel global.

Las proyecciones no son nada alentadoras; si no hay medidas serias de prevención y control, la carga podría subir hasta un 77% para 2050, lo que significaría más de 35 millones de casos nuevos cada año, impulsado por el envejecimiento poblacional, el crecimiento demográfico y factores de riesgo que persisten: tabaco, obesidad, alcohol, contaminación.

Esos números no son solo datos fríos en un informe; son vidas que se van día a día, familias que se desintegran y sistemas de salud que se saturan.En países de ingresos altos ha habido avances con detección temprana y tratamientos más efectivos que han estabilizado o bajado un poco la mortalidad en algunos tipos de cáncer, pero en gran parte del mundo, sobre todo en naciones de ingresos bajos y medios; la situación empeora porque el acceso a diagnósticos a tiempo y a terapias sigue siendo limitado.

La OMS repite hasta el cansancio que hasta un 40% de los casos se podrían prevenir con cambios en el estilo de vida y políticas públicas adecuadas, pero el progreso es lento y muy desigual. El cáncer no solo se mantiene como la segunda causa principal de muerte global, solo por detrás de las cardiovasculares, sino que su sombra se alarga con los años.

Esas proyecciones de un incremento tan drástico deberían ser una llamada de atención urgente de continuar la nula acción real y coordinada en prevención, detección precoz y acceso equitativo a tratamientos, esta enfermedad va a seguir cobrando un precio humano cada vez más alto.

No alcanza con estadísticas actualizadas; hace falta voluntad política y social para cambiar el rumbo antes de que sea demasiado tarde para millones más. Al igual que con el Día Mundial del Cáncer de Mama el 19 de octubre o el del Cáncer de Próstata el 11 de junio, el del 4 de febrero busca sobre todo generar conciencia sobre prevención y control temprano de una enfermedad que puede aparecer en cualquier parte del cuerpo: pulmón, mama, colon, próstata, estómago, páncreas, riñones, vejiga, linfomas, leucemias. La lista es larga así como tampoco existe un orden de importancia que sea grave; para quien lo padece o para sus familiares, cualquier tipo es el peor.

La Real Academia Española, define el cancer, como una enfermedad donde las células se transforman y se multiplican de forma anormal e incontrolada, y en las leucemias afecta directo a la sangre. Entre los más frecuentes globalmente destacan pulmón, mama, colon y recto, próstata, estómago y otros, pero lo clave es que hasta un 40% se podrían evitar, evitando el tabaco, reduciendo el alcohol, comiendo equilibrado, haciendo ejercicio regular y chequeándose a tiempo.

La OMS insiste, la detección temprana salva vidas, y sin embargo, en muchos lugares del mundo, incluido México, la gente llega al diagnóstico cuando ya es muy tarde.

En México, este 4 de febrero de 2026 volvió a ser más un día de luto. Según datos del INEGI y reportes recientes, cada año se detectan alrededor entre 200 y 207 mil casos nuevos, y las muertes por tumores malignos superan las 95 y 96 mil anuales, en 2024 fueron 95 mil 108, y las tendencias preliminares de 2025 muestran cifras similares o en ligero aumento; es la tercera causa de muerte en el país.

El problema no es solo el desabasto crónico de medicamentos en el sector público que sigue siendo grave, con denuncias constantes de pacientes, médicos y legisladores en la Cámara de Diputados. El gobierno ha argumentado que mucho viene de corrupción pasada y monopolios farmacéuticos, pero la crisis persiste, es decir, tratamientos que se interrumpen, familias que lo venden todo por quimios privadas, un abandono institucional que duele en el alma.

El desabasto no es lo único; falta una cultura enorme de prevención. No basta con medicinas cuando ya estás enfermo; hay que empujar desde antes alimentación sana al alcance de todos, espacios para ejercicio en barrios y ciudades, campañas masivas de detección temprana y educación real sobre riesgos. Si no se ataca de raíz, las cifras van a seguir subiendo.

Por suerte, hay un rayo de esperanza con la presidenta Claudia Sheinbaum. En sus conferencias y anuncios recientes ha insistido en fortalecer la salud pública, con planes concretos como el Modelo de Atención Universal de Cáncer de Mama: inversión de miles de millones para comprar mil mastógrafos y mil ultrasonidos, insumos y reactivos entre 2026 y 2027, abrir 20 centros de diagnóstico adicionales y unidades hospitalarias especializadas, todo para garantizar acceso gratuito, diagnóstico oportuno y tratamiento sin importar derechohabiencia. Se habla de reducir tiempos de espera, ampliar infraestructura oncológica en el país y hacer que en 2027 todas las mujeres tengan estudios y atención integral. Ojalá estos compromisos se cumplan pronto, porque la gente ya no aguanta más. Como ella ha repetido, “aquí está su Presidenta”, y ahora toca demostrarlo con hechos que se sientan en la vida real de quienes pelean contra esto. Al final, mientras el mundo se distrae con guerras comerciales que nadie gana, el cáncer no para. Mata todos los días, callado, y lo que urge es más prevención, acceso oportuno y sensibilidad de verdad. Que 2026 marque un cambio real en México y en el mundo, porque cada vida importa y cada día perdido en prevención es una pérdida que duele a todos. (Premio Estatal de Periodismo 2011 y 2013, Presea Trayectoria Antonio Estrada Salazar 2018, finalista en Excelencia Periodística 2018 representando a México, Presea Trayectoria Humberto Gaona Silva 2023) www.intersip.org

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