Saltillo entre el viejo polvo y el nuevo Fórum
Por Guillermo Robles Ramírez
Yo, que llevo más de treinta y cinco años de periodismo del norte, desde los tiempos en que uno escribía a mano en una libreta antes de pasar todo a máquina, más aparte de mis recuerdos de niño, adolescente y adulto les puedo decir lo que he visto estos días.
La verdad es que Saltillo anda revuelto con un rumor que se soltó como pólvora en las redes: que la Feria se cancelaba por las obras del nuevo Expo Coahuila. Pues fíjese usted que no. Las autoridades del Patronato de la Feria y del Gobierno del estado lo desmintieron clarito, el pasado martes 7 de abril, o por ahí, cuando todavía andaba el chisme caliente.
La feria sigue en pie para julio del 2026, como siempre, desde los primeros días hasta casi finales del mes. Y durante esos días la Villa del Desierto se va a quedar intacta, con sus juegos mecánicos y sus puestos de siempre. Los trabajos del Gran Fórum y el resto del proyecto avanzan, sí, pero sin tocar la tradición.
Piense nomás, el rumor nació porque se ven las máquinas y las licitaciones, pero la cosa es que la fiesta no se va a ningún lado.
Yo he cubierto ferias desde los ochenta, ¿sabe? Cuando uno llegaba al recinto y olía a algodón de azúcar y a tierra mojada después de la lluvia, y los mismos juegos daban vueltas como si el tiempo no pasara. Ahora la gente se pregunta: ¿y qué va a pasar con todo eso? Porque aquí hay dos mundos que se cruzan en los mismos terrenos: la feria tradicional de Saltillo, esa que es anual, estacional, con sus juegos, su palenque, las expos agropecuarias y los espectáculos que duran nomás tres semanas en julio, y por otro lado el nuevo Expo Coahuila, que ya está en construcción y que promete ser algo distinto, más grande, con el Gran Fórum como corazón: un recinto techado para hasta doce mil personas, para conciertos, rodeos profesionales, convenciones, festivales de comida, eventos deportivos y lo que se les ocurra. La diferencia es de noche y día, la verdad.
La feria de siempre, la que conocemos todos, se ha quedado en lo mismo de hace décadas. Los juegos mecánicos son los mismos que uno veía de chamaco: sin cambios grandes, sin mantenimiento que se note a simple vista. Y eso, amigo, ha traído problemas.
En el 2022 clausuraron cinco de ellos porque estaban peligrosos, fallas que saltaban a la vista. Dos de cada tres atracciones tenían antecedentes de percances. Y no es solo Saltillo; en otras ferias del país, en Guerrero, Guanajuato, Durango, Puebla, Veracruz, Tlaxcala, Chiapas, ha pasado lo mismo. Sillas que se desprenden, colapsos, descarrilamientos… en Saltillo mismo hubo uno que dejó a dieciséis lesionados, incluida una menor. La responsabilidad siempre cae en la supervisión floja de Protección Civil municipal. Uno piensa: ¿por qué seguimos autorizando lo mismo año tras año?
Y aunque la verdad duela, porque la feria es de la gente, es familiar, es parte de lo que somos aquí al menos en el norte. Y luego está lo del dinero. El principal ingreso de estas ferias tradicionales sigue siendo la venta de alcohol, el palenque con sus espectáculos y peleas, y las concesiones de los juegos. Gran parte se va a operadores privados, a las empresas de espectaculares que llegan itinerantes, arman todo y se llevan la ganancia.
El Patronato organiza, sí, pero los bolsillos que se llenan de verdad son privados. No encontré ni una sola evidencia de que el Club Rotario esté metido como beneficiario principal; ellos hacen sus obras sociales aparte, como siempre. Y en Torreón, por ejemplo, esa zona que llaman “Las Jarras”, donde sirven la cerveza familiar en esos recipientes grandes, con promociones de dos por uno y todo… pues la gente de experiencia local dice que las jarras se reutilizan rápido, sin una limpieza que se vea clara entre cliente y cliente.
No hay reportes oficiales ni denuncias documentadas que lo confirmen como práctica sistemática, pero sí es un comentario que se repite en ferias de Coahuila y de todo México. Es más, el año pasado en la NASCAR de la Ciudad de México se viralizaron videos de vendedores rellenando vasos con agua sucia para completar las cervezas, y eso generó indignación nacional. Refuerza lo que muchos sentimos; en las ferias tradicionales la prioridad es el volumen, la rapidez, no siempre los estándares de higiene modernos.
Ahora, contraste eso con lo que viene. El Expo Coahuila es otra cosa. Es un proyecto de gobierno estatal, con licitación pública que se abrió el pasado 1 de abril por la Secretaría de Infraestructura, Desarrollo Urbano y Movilidad, la SIDUM, como le dicen ahora.
La construcción del Gran Fórum arranca en mayo, y el plan es que quede listo antes de fin de año. Techado, multifuncional, con Distrito Vaquero, Explanada 38, Domo Norte, Wine Garden, Pabellón del Sarape… todo para usarse todo el año, no solo tres semanas en julio. Convenciones, espectáculos nacionales e internacionales, rodeos de primer nivel, eventos vinícolas, gastronómicos, cine al aire libre, ferias comerciales. Variedad de verdad, no solo los mismos juegos de siempre.
¿Y qué prefieren los saltillenses? Ahí está la pregunta que uno escucha en la calle, en el mercado, en el café. No hay encuesta oficial que lo diga de manera definitiva, pero en redes y en pláticas locales se nota la mezcla. Mucha gente valora la tradición: la feria es cultura, es familia, es ese olor a pólvora y música norteña que nos identifica.
Los rumores de cancelación generaron alarma precisamente porque la queremos viva. Pero también hay críticas recurrentes: juegos viejos, precios altos, falta de renovación.
El Rodeo Saltillo del año pasado, ese que ya se hizo en las instalaciones en transición, cerró con récord: ochenta mil asistentes, noventa y cinco por ciento de ocupación hotelera y más de cincuenta millones de pesos en derrama económica. Eso dejó a la gente pensando: órale, si con una versión moderna ya se siente el impulso, imagínese cuando todo el Expo Coahuila esté completo.
La diferencia, la neta, es de fondo. La Expo Coahuila se financia con recursos públicos, con licitación abierta y con el impuesto sobre nómina. La derrama se queda en Coahuila: turismo de negocios, hoteles llenos, empleo, inversión, obras que benefician a todos. No es solo fiesta temporal que se lleva el privado. Es un centro que va a atraer eventos grandes, que va a posicionar a Saltillo como ciudad moderna, con uso permanente durante todo el año. Menos riesgos, más opciones de calidad, seguridad que se nota porque la infraestructura es nueva.
La feria tradicional conserva su alma cultural, claro que sí, y sigue adelante. Pero el Expo Coahuila resuelve los problemas crónicos que hemos visto por décadas: mantenimiento deficiente, accidentes evitables, dependencia del alcohol y del palenque, beneficios que se van a manos privadas sin reinvertir en la comunidad.
Yo he visto cómo el norte cambia. Recuerdo ferias donde uno entraba con los hijos y salía con el corazón lleno, pero también con el susto de ver un juego que crujía más de la cuenta.
Hoy, con este proyecto, se siente que Saltillo está apostando por algo mejor. No se trata de matar la tradición, sino de darle un techo digno, de modernizarla sin perderle el respeto. La feria sigue, el Fórum viene. Y entre los dos, la ciudad gana. Eso es lo que importa, al final del día. La gente quiere fiesta, sí, pero también quiere que esa fiesta sea segura, que deje algo más que un buen recuerdo y una cruda. Y aquí, en el norte, sabemos que cuando se hace bien, se hace para rato. (Premio Estatal de Periodismo 2011 y 2013, Presea Trayectoria Antonio Estrada Salazar 2018, finalista en Excelencia Periodística 2018 representando a México, Presea Trayectoria Humberto Gaona Silva 2023) www.intersip.org
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