Las entrañas del poder: Posiciones de influencia
Por Olegario Roldan
La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados
Groucho Marx
Participación espontánea
Como si se tratara de una peregrinación al reino prometido de la Cuarta Transformación, cientos de personas arribaron en unidades del transporte público al Paseo Bravo para marchar rumbo al mitin de Morena en el Zócalo de Puebla.
Entre la logística y la liturgia política, no faltaron las tortas y los jugos repartidos a las familias, combustible indispensable para la movilización. Mientras los organizadores celebran la convocatoria, las imágenes vuelven a exhibir una vieja tradición nacional: el acarreo disfrazado de entusiasmo ciudadano.
Porque nada grita “participación espontánea” con tanta fuerza como llegar en contingentes organizados y recibir el refrigerio oficial antes del acto.
Permanencia voluntaria
La defensa cerrada que el gobernador hace de Gustavo Gaytán revela una práctica tan antigua como persistente en la política mexicana: cuando un funcionario acumula cuestionamientos públicos, en lugar de rendir cuentas se le arropa bajo el cómodo argumento de que “sabe demasiado como para prescindir de él”.
Según la explicación oficial, su permanencia en la estructura gubernamental responde a sus conocimientos técnicos y a su experiencia en temas relacionados con el suministro de agua potable. Una justificación que, lejos de disipar las dudas, termina alimentándolas.
Porque el verdadero debate no es si Gaytán conoce o no el funcionamiento del sistema hídrico poblano. Seguramente lo conoce. La pregunta es por qué, existiendo cientos de profesionistas, especialistas y académicos en el estado, el gobierno insiste en mantener en posiciones de influencia a personajes cuya trayectoria genera controversia pública. La experiencia es valiosa, pero en el servicio público debería estar acompañada de confianza ciudadana, transparencia y credibilidad.
Resulta igualmente llamativo el argumento de que permanece en la Coordinación de Asesores para responder de manera inmediata en caso de que alguna autoridad requiera información relacionada con su paso por SOAPAP. Traducido al lenguaje político cotidiano, la explicación suena más a una permanencia preventiva que a una necesidad estratégica.
Como si la mejor forma de facilitar una eventual rendición de cuentas fuera conservar espacios de poder y cercanía con las decisiones gubernamentales.
El mensaje que se envía es preocupante: los cuestionamientos públicos pueden ser incómodos, pero no necesariamente representan un obstáculo para seguir formando parte del círculo de confianza del gobierno.
En tiempos donde la ciudadanía exige instituciones más transparentes y funcionarios sujetos al escrutinio público, la apuesta por sostener perfiles controvertidos parece una decisión innecesaria y políticamente costosa.
Al final, el problema no es la experiencia de Gustavo Gaytán; el problema es que el gobierno parece considerar que esa experiencia basta para ignorar cualquier señal de desgaste, desconfianza o exigencia de mayor claridad por parte de la sociedad.
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