El Sendero de los Iluminados: Fascinación por la existencia

Por Alan Prado

La forma más profunda de oscuridad no es aquella que te envuelve, sino la que resides en tu ser.

Asimismo, la luz más hermosa no es la que proviene del exterior, sino la que brilla en tu interior a través de tus ojos.  

No demandes más claridad que la que se requiere para percibir lo esencial, ni exijas un sendero más extenso que el que se necesita para transitar en este momento.  

El trayecto más desafiante no es tan perjudicial si te dirige hacia tu objetivo. Por otro lado, el camino más favorable carece de valor si no te conduce a tu meta.

No podrás reconocer la existencia de luz hasta que tus ojos sean abiertos, ni podrás identificar un sendero hasta que tus pies inicien su travesía.  

Si la lámpara que llevas dentro arde con intensidad, avanzarás rodeado de luz, aun en medio de la oscuridad.

Sin embargo, si tu luz interna se extingue, aun en plena claridad, caminarás en la penumbra.

No obstante, existe una manera distinta de analizar la realidad que considero sumamente intrigante.

Quizás sea la existencia de tales inquietudes lo que retrotrae a una cultura a un estado más elemental, mientras que su falta podría ser lo que la impulsa hacia un desarrollo superior.

Planteémonos si es más avanzado observar el cosmos con ansiedad y desasosiego, albergando la idea de que podemos aprehender toda su complejidad, o si, por el contrario, resulta más enriquecedor disfrutar de la existencia tal como se presenta, aceptando la posible vanidad de buscar una verdad o divinidad o algún dios.

Por conocimiento personal, he llegado a la conclusión de que, a lo largo de nuestra existencia, únicamente en raras circunstancias nos cruzamos con individuos a quienes seamos capaces de expresar nuestro estado emocional con precisión, personas con las cuales podamos establecer una comunicación completa. 

Es casi un acto milagroso, o una fortuna sorprendente, descubrir a tal persona. 

Es probable que muchos pasen sus vidas sin nunca haberla encontrado.

Además, es posible que esto no guarde relación alguna con lo que comúnmente se asocia al amor.

Considero que se trata más bien de un nivel de comprensión mutua que se asemeja a la empatía.

¿Cuál será el futuro que nos aguarda a los desorientados, a aquellos que no hemos brillado como prodigios, a los que no alcanzamos la divinidad, a los que subsistimos a costa de otros, quienes hemos conocido la verdad y elegimos coquetear con la oscuridad? 

¿Qué sucederá con los vencidos que permanecen indemnes? 

¿Qué pasará con aquellos por los que habitualmente derramamos lágrimas en silencio? 

¿Existirá algún tipo de compasión para quienes somos capaces de escuchar a todos pero no conseguimos entender a ninguno; para quienes la soledad no nos provocó un final abrupto ni el amor nos otorgó una existencia satisfactoria?

La ciudad contaminada, completamente marcada por jerarquías, control, supervisión y documentos, es una metrópoli paralizada en el ejercicio de un poder amplio que actúa de manera desigual sobre los cuerpos singulares, constituyendo así la utopía de una ciudad gobernada de forma impecable.

Alan Prado (AMEP 11:11).

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