EL MARATÓN DE LA HIPOCRESÍA

Definitivamente, en este espacio no he puesto verdad más grande que las palabras de Anacarsis, cuando dijo que “muchas veces las leyes son como las telarañas: los insectos pequeños quedan atrapados en ellas, mientras que los grandes los rompen.”
A partir de los hechos que se han sucedido de manera reciente en nuestro país, no puedo más que volver a citar al filosofo escita, pues está demostrado que en México, la eficacia de la norma está supeditada a los poderes económicos y políticos.
Y es que basta ver como la aplicación, e incluso la creación de la ley, no atiende a la situación social, si no a los intereses particulares o de grupo, que pueden ser de lo más diverso y que en diecinueve meses de gestión de Enrique Peña Nieto, hacen evidentes la degradación de la democracia, la nulificación de la división de poderes y la desaparición del federalismo.
La democracia en nuestro país, se ha degenerado al punto en el que el parlamento mexicano se compone de unos cuantos representantes de los poderes facticos, a los que los siguen legisladores de relleno que se les somete con la línea tirada desde Los Pinos, o con los cañonazos tirados desde la Secretaría de Hacienda.
Los órganos de representación popular, ya no representan al pueblo, si no que son el escalón en que los mercenarios de la política nacional, un grupo de hombres y (tristemente) también mujeres, se apoyan para hacer negocios o someterse, a cambio de crecer en su carrera política. En cualquiera de los dos casos, el ciudadano que los eligió es el menos importante.
Es lamentable ver que la que parecía ser una voz autorizada en el tema de telecomunicaciones, Purificación Carpinteyro, presume haberse sacado la lotería, al plantearle un negocio nuevo a un antiguo compañero de trabajo. Negocio que se hace al amparo del poder, puesto que su posición de legisladora, en plena discusión de esta reforma, la pone en una posición privilegiada para negociar con las empresas que cita en su conversación. La legisladora arrastra en su carrera política, una cadena de escándalos similares.
Preocupante es que la doble cara de los legisladores, raya ya en el cinismo. Pudimos ver como un grupo de legisladores del PAN, se tragaron su discurso y fueron los actores de lo que tanto le criticaron a Gustavo Madero. Sin vergüenza alguna, se plegaron al presidente Peña Nieto y votaron de acuerdo a los deseos de este, lo mismo que hace no mucho le criticaban a su presidente nacional en plena campaña interna. Sin los 23 votos panistas, la reforma no hubiera salido. Al PRI y sus satélites no les alcanzaban sus votos.
Y así, los senadores han dejado claro que los políticos son como las bolas de billar, que a la vista de todos se pegan, pero que en lo oscurito duermen juntos; pero sobre todo queda claro que, como dijo Ambrose Pierce, “la política es la conducción de los asuntos públicos, para el provecho de los particulares”.
El pasado viernes, los senadores aprobaron una legislación en telecomunicaciones, que rompe con todo lo plasmado en la constitución hace apenas un año. Dejan una legislación en la materia, ambigua, débil, contradictoria y en algunos aspectos inconstitucional.
Considerándose dueños de la verdad absoluta, desatendieron la opinión de expertos y analistas, que proponían que la preponderancia debe determinarse por servicio y no por sector, además de ignorar a los propios comisionados del IFT, en el tema de la propiedad cruzada, estableciendo limites sólo en la televisión de paga.
La nueva legislación, contraviene a la carta magna y a las leyes de competencia, pues establece casos de excepción en esta ultima materia, por ejemplo, en el artículo noveno transitorio, conocido como clausula cablecom.
Absurdamente, los senadores del PAN y los del nuevo PRI, establecen una disposición confiscatoria, al obligar a Telmex-Telcel a compartir su infraestructura con la competencia a un costo de cero pesos, algo que apesta al más rancio comunismo.
Nadie puede demeritar los logros de la reforma, pero tampoco podemos verlos más grandes de la dimensión que realmente tienen. La eliminación del cobro de larga distancia y la apertura del sector, son triunfos que se diluyen ante el fortalecimiento de las facultades del ejecutivo en la materia, cuando puede seguir vigilando los contenidos, cuando se permite la geolocalización de equipos o la suspensión del servicio en áreas determinadas.
Y es evidente que los legisladores atendieron a sus intereses muy personales al momento de emitir su voto, algunos de ellos, que ya se ven candidatos a gobernadores, se quejan de los ataques que reciben en internet y en las redes sociales, pero se olvidan que como dijo George Christoph Lichtemberg, “cuando los que mandan pierden la vergüenza, los que obedecen pierden el respeto”.
En realidad, no tienen de que preocuparse, nuestra sociedad es tan apática, que se limitara a unos cuantos post en redes sociales. La juventud de hoy se conforma por revolucionarios del twitter, incapaces de exigir a su legislador que lleve su voz al congreso.
Además, se carece de un líder opositor, pues sobre el caso, Andrés Manuel López Obrador no quiso pronunciarse, hacerlo comprometía sus intereses, ya que es un tipo protector de sus conveniencias que bien pudo haber caído en otra enfermedad, llevando el debate hacia si sus males los debe atender en hospitales privados o en el Seguro Social, teniendo detractores poco informados que no entienden que, para atenderse en el IMSS hay que estar asegurado y para ello, es necesario trabajar, algo que le tabasqueño no hace.
Y entre debate y debate, por crear y reformar el marco jurídico, el ejecutivo sigue dando traspiés en sus funciones esenciales.
Acabando con el federalismo, demuestra que esta decidió a hacer de Michoacán el primer símbolo del resurgimiento del viejo PRI. Convirtió ya, en un feudo presidencial, un estado donde el imperio de la ley sólo existe en el discurso oficial, comenzando por el hecho de que ahora han designado a un títere como gobernador. Un hombre que dejó en el suelo su prestigio académico, para ser el instrumento del comisionado Alfredo Castillo e indirectamente del presidente Peña Nieto. Michoacán es una propiedad presidencial y Salvador Jara se humilla al agradecer la confianza del presidente y del comisionado, olvidándose que en la forma, y tristemente sólo en la forma, lo designó el pueblo de Michoacán a través de los legisladores locales.
Tenemos un país lleno de leyes, en el que paradójicamente, vivimos sin ley.
La división de poderes es una utopía, al sistema constitucional lo han acabado, con legisladores que se someten al ejecutivo y jueces que carecen de independencia.
Políticos expertos en la traición, que ejecutan la ley sólo cuando así lo requieren sus intereses. El caso del Dr. Mireles es la prueba máxima de la descomposición de las instituciones de justicia. Nadie puede dudar que el ex líder de las autodefensas michoacanas, ha cometido más de un delito. Un hombre armado que ha disparado contra bienes de otros y ha herido a más de uno, pero que es el mismo al que el gobierno tuvo de aliado, al que protegió y a quien, aún armado ilegalmente, le dio una escolta policial.
La detención puede ser legal, pero se da en un momento en que el ahora procesado se había rebelado en contra de las decisiones del comisionado Castillo y lanzado fuertes críticas al gobierno federal.
Existe un evidente manejo de la justicia, a la que se utiliza para enmascarar la venganza política y personal.
Y esto se agrava, si tomamos en cuenta que no hay una estrategia nueva y real contra el crimen.
La política en la materia se ve reducida, de manera preocupante, a una utilización excesiva de las fuerzas armadas, sin estrategia y con actuaciones que dejan más dudas que respuestas, como por ejemplo, la masacre de 22 personas la semana pasada en el Estado de México. La justicia parece degradarse a una serie de ejecuciones extrajudiciales y la nueva estrategia parece inspirada por Porfirio Díaz, con la implantación de un “mátalos en caliente”.
Políticos de dos caras que no entienden que la realidad no se cambia, por muy distinto que sea el discurso. Estamos gobernados por un grupo de hombres que gustan de correr por las mañanas, que hoy compiten en lo que se ha convertido en un maratón de la hipocresía.

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