El espejismo del superpeso
Por Guillermo Robles Ramírez
Mi profesión me permite haber visto ya de todo en estos más de treinta y cinco años recorriendo el norte con libreta en mano. Desde las crisis que nos dejaron sin aliento hasta los momentos en que parecía que México por fin respiraba. Y ahora, aquí estamos, en este 8 de abril del 2026, platicando de algo que huele a recuperación… pero con ese sabor agridulce que deja la experiencia.
La verdad es que el Fondo Monetario Internacional, ese mismo que tanto ha pronosticado a lo largo de los años, anda optimista otra vez. Después del descalabro que nos pegó en el 2025, por cierto, un año flojo, con apenas un 0.6 por ciento de crecimiento según las cifras que ya cerró el propio FMI; ahora dicen que este 2026 vamos a repuntar al 1.5 por ciento.
No es el 4 por ciento que soñaban en el 2010, ni mucho menos. Pero después de un año tan aporreado, con aranceles, incertidumbre y todo lo que trajo la volatilidad global, cualquier respiro se siente como un milagro. Piense nomás en lo que platicaban los abuelos después de la Revolución: el peso fuerte, casi a la par del dólar, era cosa de leyenda. Hoy no estamos ahí, claro. Pero la moneda mexicana ha mostrado una fortaleza que muchos no veíamos desde hace rato. El dólar anda oscilando estos últimos días entre los 17.40 y los 17.70 pesos en ventanilla, según los datos frescos de las casas de cambio y los bancos. Una situación que, la verdad, yo he visto pocas veces tan favorable para el bolsillo de la gente común.
Y sabe qué le digo… esa fortaleza tiene sus bondades. Para el que compra en el súper, para la señora que va al mercado de Saltillo o Torreón y trae la lista del mandado, es una bendición.
Las materias primas y los insumos que vienen de afuera cuestan menos. Los productos hechos aquí salen más baratos. La economía doméstica respira. Pero, como siempre en estos bailes económicos, hay contrapartida.
Los exportadores andan con el ceño fruncido. Porque un peso fuerte les pega directo en las ventas a Estados Unidos. Lo que ganan en dólares se convierte en menos pesos al cambiar. La misma historia de siempre: lo que es bueno para unos, duele en el otro lado.
Recuerdo, allá por el 2008, cuando cubría la crisis desde Coahuila, que el dólar se había puesto carísimo y la gente andaba desesperada. Ahora es al revés. Y los que manejan dólares, es decir, los que tienen inversiones o negocios grandes, se quejan porque su dinero rinde menos. ¡qué tiene de bueno el fortalecimiento del peso mexicano!, dicen.
Mientras tanto, los descamisados, los que menos tienen, sueñan todavía con ese peso a la par del dólar que platicaban los abuelos. Esa época postrevolucionaria que ya casi nadie vivió, pero todos recordamos en las sobremesas familiares. La verdad, yo he visto cómo el comportamiento económico nunca va sobre ruedas. Siempre hay ganadores y perdedores.
Esta fortaleza del peso, fíjense ustedes, no es eterna. Es pasajera, como tantas cosas en la vida. Viene por el flujo de inversión extranjera que ha entrado gracias al Nearshoring, por las tasas de interés que todavía se ven atractivas comparadas con las de Estados Unidos, y por ese carry trade que anda de moda entre los inversionistas.
Pero conforme la Reserva Federal mueva sus fichas o Banxico siga relajando, el peso va a perder terreno. Es la ley del mercado. Por lo pronto, el próximo lunes 13 de abril o el resto de este primer semestre, si usted tiene con qué y quiere protegerse, compre dólares. Y también un poco de euros, que andan rondando los 20.45 a 20.60 pesos por billete. Hace unos meses estaban más caros. Ahora se han abaratado frente al peso. Hágalo si puede, sin exagerar, pero con cabeza.
Mientras esperamos los vaivenes, porque la volatilidad es lo único seguro en las monedas de todos los países, uno se pregunta: ¿será verdad tanta belleza? ¿O nomás es un espejismo que nos hace soñar con una recuperación que tarde o temprano nos va a poner a prueba otra vez?
Yo, que he cubierto crisis desde el Tequila 94 hasta la del 2008 y las que vinieron después, le digo que la economía mexicana siempre ha tenido ese carácter norteño: terca, resiliente, pero también vulnerable.
En Torreón, por ejemplo, platicaba hace poco con un amigo que tiene una maquiladora pequeña. Me decía: “El peso fuerte me ayuda a comprar insumos baratos, pero mis ventas a Texas se me están haciendo agua”. Esa es la realidad cotidiana.
La señora del puesto de tacos en la esquina de mi colonia en Saltillo celebra porque la harina y el aceite le cuestan menos. Pero el transportista que lleva mercancía a la frontera ya no gana lo mismo.
La verdad, yo he visto cómo estos ciclos nos ilusionan y luego nos bajan de golpe. El FMI habla de recuperación para este año y un poco más para el 2027. Pero los números no comen, como dice el dicho.
Lo que importa es lo que siente la gente en el bolsillo. Los pobres quisieran un peso fuerte para siempre, para que todo les rinda más. Los que viven de exportar, no. Y los que juegan en dólares, menos. Es un equilibrio delicado, frágil como un vaso de cristal.
Pos la cosa es que, mientras tanto, hay que disfrutar este respiro. Disfrutarlo con cautela. Porque la historia nos ha enseñado que nada es para siempre. El peso fuerte de hoy puede ser el peso débil de mañana. Y en medio de tanta belleza cambiaria, uno sigue escribiendo a mano en la libreta, porque así me enseñaron y no me hackean o me roban el celular en donde vale más la información que es la que comparto con ustedes mis lectores, y no lo digo de esa manera para intentar imitar a la columna de la serie de Bridgerton.
Porque al final, esto sí es cierto y más allá de los porcentajes del FMI y las cotizaciones del dólar, lo que cuenta es cómo le va al mexicano de a pie. Ese que se levanta temprano, que trabaja duro y que, a pesar de todo, sigue creyendo que México siempre encuentra la forma de levantarse.
¿Y sabe qué? Ojalá esta vez la belleza dure un poco más. Pero yo, con los años que cargo, no me hago ilusiones. Solo observo, anoto y le platico a través de estas líneas, a usted lo que veo. Porque eso es lo que hace un viejo columnista del norte: contar la verdad tal como la siente, sin adornos ni poses. (Premio Estatal de Periodismo 2011 y 2013, Presea Trayectoria Antonio Estrada Salazar 2018, finalista en Excelencia Periodística 2018 representando a México, Presea Trayectoria Humberto Gaona Silva 2023) www.intersip.org
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