Desafío: Adiós al Banco

*Adiós al Banco
*Peores del Mes
Por Rafael Loret de Mola


Agustín Carstens Carstens, segundo que fue del aristócrata español Rodrigo Rato y Figaredo en el Fondo Monetario Internacional (FMI), auguró una baja en el crecimiento nacional –los economistas insisten en que NO se puede hablar de decrecimiento porque es inverosímil en términos de desarrollo aunque exista-, en 2017, como señal de despedida del Banco de México en donde inició sus andares como economista en 1980. Luego pasaría por la secretaría de Hacienda, con el aval de Rato –una verdadera rata-, rompiendo todas las sillas de sus despachos por causa de su voluminosa humanidad.

Más allá de su voluptuosa figura –era el funcionario de mayor peso físico en la ente mundial en su momento-, Carstens parecía tener la varita mágica por sus contactos de alto nivel cuando llegó a México con el aval de algunos de los más poderosos socios financieros de México en el mundo; una estrella, nada menos, y tan grande que todos podrían verla. Pese a ello, su trabajo en Hacienda dejó mucho que desear, como el de sus predecesores y sucesores –ninguno se salva-, en medio de crisis estructurales universales, generadas oficiosamente por Wall Street, y agravadas en nuestro país por la ausencia de alternativas para vadearlas.

De hecho, México fue el último país en salir de la inducida recesión, que comenzó en 2008 dejando secuelas todavía no superadas, causada, entre otros factores, por la gran cantidad de delitos bancarios y la crisis alimentaria mundial, insisto, provocadas desde los Estados Unidos para expandir su dominio sobre las naciones más depauperadas por el gobierno de Washington. Si ya estábamos con graves problemas antes de Trump, con la administración del “pato anaranjado”, marcado como indeseable por el 63 por ciento de los estadounidenses entonces, se cerraron las salidas e inició la asfixia, agravada por la xenofobia del personaje, sobre todo, hacia México. Pero para él solo AMLO es “un hombre maravilloso”.

Pendientes de los informativos norteamericanos y de los programas de parodia política combinados con la seriedad, no hemos encontrado alguno, ni uno solo, que defienda a Trump con explicaciones razonables sobre sus actuaciones. Mucho menos con el ridículo que ha hecho durante todo este iembre al negarse a reconocer lo evidente, la victoria absoluta de Jose Biden en las elecciones del martes 3.

Carl Bernstein, quien junto a Bob Woodward destazó a Nixon por el caso “Watergate”, señaló a Trump como un “psicópata” mientras sus compañeros de mesa, incluyendo una artista cómica, le lanzaban diversos epítetos asegurando que no podía sostenerse en el poder quien había dado muestras evidentes de no saber gobernar.

En paralelo, en México sucede otro tanto, sólo que aquí, se dice, que la aprobación a AMLO es todavía “mayoritaria”; no sé de dónde sacan las cifras los encuestadores pero eso alegan. Sabemos sí que media República está ensangrentada y la otra porción vive igualmente días de zozobra interminables por la pandemia, el hambre que avanza, el desempleo y como cereza del pastel putrefacto la maldita pandemia.

Noviembre no arrojó luces sino más oscuridad.

La Anécdota

Hacemos el recuento mensual de los peores gobernadores de este lapso marcado por la “grilla” barata de los dirigentes partidistas:

1.- Carlos Joaquín González, de Quintana Roo, señalado por su cercanía con los narcos y ahora, nada menos, presidente de la GOAN, esto es la asociación de gobernadores de Acción Nacional, un partido que va como los cangrejos.

2.- Cuitláhuac García Jiménez, de Veracruz, morenista, empeñado en servirle al presidente como moderno barbero a cambio de no cumplir con ninguna de sus promesas de campaña y dejando espacio para los criminales. Luego de Duarte y Yunes siguió el alud de politiquerías.

3.- Jaime Rodríguez Calderón, “El Bronco”, metido en busca de una segunda oportunidad nacional independiente, dice, a costa de abandonar a Nuevo León.

4.- Martín Orozco Sandoval, de Aguascalientes y también panista, empeñado por su mediocridad en cortar la carrera de Tere Jiménez, la guapa y brillante alcaldesa de la capital, con altísimos índices de popularidad, por pura soberbia misógina y sin aportar nada a la entidad.

5.- Antonio Echevarría García, de Nayarit, hijo de un ex gobernador y de una senadora en activo, panista en la cúspide del nepotismo, quien ha sido incapaz de controlar o suavizar, siquiera, la rebatiña entra los cárteles que rodean al Palacio de Gobierno heredada por su predecesor Roberto Sandoval sobre quien ya pesa una orden de aprehensión.

Esto es, curiosamente, tres panistas, un morenista y un supuesto independiente. ¡Caramba! Y yo que creía, como la mayor parte de los mexicanos, que los priistas eran los peores.


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