Desafío

*Ética y Desacatos

*¡Pobres Diputados!

*Primera Gasolinera

 

Hemos observado todo tipo de desvaríos en los recintos del Legislativo y en las afueras incluso del Palacio Nacional o sobre algunas de las principales avenidas de las capitales, la federal y las de las entidades. No me refiero a la grotesca exhibición de cadáveres colgantes desde los pasos peatonales –deleznable moda que se estrenó en Monterrey y se propagó con rapidez llegando incluso a la urbe central-, sino al modo de proceder de quienes, honrados con la representatividad de la sociedad, hacen alarde de altisonancias, poco argumentativas, y degüellan con ello el elemento principal de su reclamo. Las parodias no sirven para propagar ideas ni para levantar las voces, uniéndolas, cuando se golpea a mansalva a la colectividad.

Por ejemplo, hace una semana, durante el burdo pasaje de la votación de la reforma energética en la Cámara baja –bajísima ahora-, un diputado perredista exaltado, Antonio García Conejo, decidió salir de su madriguera –no del clóset, por supuesto-, y desvestirse en tribuna para exclamar que le habían robado todo su patrimonio; y, en calzoncillos, prosiguió su perorata narcisista desde la tribuna de la sede alterna –porque sus compañeros habían cerrado el salón de plenos con cadenas y sin utilidad alguna-, sin que siquiera fuera sancionado por su conducta.

Tampoco lo ha sido la diputada perredista Karen Quiroga, una de las más rabiosas, golpeó con un puñetazo, en pleno rostro, a la priísta Landy Berzunza Novelo quien debió ser atendida en la enfermería por la agresión; y todo esto, además, aderezado por injurias, descalificaciones, gritos destemplados, en el podio y debajo de éste, a sabiendas de que todo estaba consumado desde el principio y, por tanto, ningún debate serio haría cambiar el sentido de la consigna consecuencia del amarre entre el PRI, el PAN y su “victoria cultural” –una fanfarronada más-, el Verde y el PANAL en donde, por cierto, figura el diputado Fernando Bribiesca Sahagún, hijo de la señora de las muchas faldas; y también por allí pulula la senadora Ninfa Salinas Sada, hijo del dueño del consorcio de TV Azteca y Elektra –la moderna tienda de raya a la mexicana-, Ricardo Salinas Pliego, uno de los mayores multimillonarios de México, el cuarto en la lista de Forbes con un capital calculado en nueve mil 900 millones de dólares –suficientes para comprar una curul-, con claros propósitos de convertirse en monopolista de la plata, entre otros tesoros. Ninfa, claro, pertenece al Partido Verde y como tal defendió al feudo familiar.

Ninfita, aunque ya está grandecita, se mostró jubilosa con la aprobación, dentro de los recursos reformadores, de la Agencia Nacional de Seguridad Industrial y Protección de al Ambiente del Sector de Hidrocarburos, un ramo en el que su padre tiene gran interés dentro de los planes de expansión del multifacético “Grupo Azteca” por Latinoamérica y los Estados Unidos; su obsesión es competir con Carlos Slim… incluso comprando equipos de fútbol.

Todos estos actos resultan tremendamente contraproducentes para la causa central que se defiende, esto es contra una reforma energética que posibilitará, bajo contratos, rentas sobre nuestro petróleo con utilidades que pueden alcanzar, nada menos, tres billones de dólares de acuerdo a los cálculos más conservadores. Si consideramos que las deudas externa e interna del país, consecuencia de las pésimas administraciones de la derecha, ya llega a un billón de dólares, significa que las compañía que le hincarán el diente a nuestro subsuelo y “a mar abierto” –en donde según los priístas no tenemos capacidad los mexicanos de extraer la que fuera nuestra riqueza-, se llevaran tres tantos más, depauperando, de manera definitiva, al patrimonio nacional con serios cargos a la defensa de la soberanía, un término que se considera “caduco” en los corrillos políticos y que debe ser modificado por el de “modernización”.

Los límites, entonces, son cosas del pasado…¡pero cómo nos han protegido de las ambiciones sin límites de los poderosos! Sin el derecho a la autodeterminación de los pueblos, fundamentada en la razón pero también en la abundancia de nuestro subsuelo, no nos quedará ni rastro de nacionalismo -¿otro término caduco a cambio de la globalización tan beneficiosa para las potencias del norte?-, ni la menor idiosincrasia para cohesionarnos en torno a una nación; será como la confirmación, para desgracia de México, del “estado fallido”. ¿Y quién asumirá las consecuencias históricas?

Es evidente, sí, que los dueños de una casa no pueden entrar a ella cuando la rentan. Así lo expresó la fracción del PRD; y éste es un argumento sólido También lo fue la inteligente intervención de Amalia García Medina, ex gobernadora de Zacatecas y actual diputada perredista, quien detalló la involución priísta –partido al que ella perteneció y conoció muy desde dentro-, con relación a su postura cardenista en pro de retener la riqueza petrolera Y SUS PRODUCTOS, porque de nada sirve alquilarla para que se llevan las ganancias otros. También fue ponderada y seria la intervención de Purificación Carpinteyro Calderón, antigua enamorada del ex presidente calderón y como tal militante del PAN hasta que fue despedida de la subsecretaría de Comunicaciones y Transportes, ahora perredista también, alegando en la imposibilidad de recuperar los ingresos del petróleo, con los que se financia el cuarenta por ciento del gasto público, cuando los “contratos” excedan las perspectivas y sólo se cobre por las “rentas” una bicoca.

¡Ay, pero los demás cayeron en el garlito fácil, acaso impotentes para frenar la consigna invariable! ¿Tenían o no razón? Me lo he preguntado cien veces y mi respuesta no es sino una: mientras los usos facciosos se impongan no será posible que los debates parlamentarios tengan alguna utilidad salvo la de cubrir requisitos mientras las cosas se arreglan en “lo oscurito” o debajo del agua. No es razonable que los legisladores no sean capaces de aplicar sus propios juicios y convicciones –estoy seguro que muchos votaron en contra de ellos mismos-, sobre las consignas de sus dirigencias, porque con ello traicionan –sí, traicionan-, su fundamento esencial: el carácter de representantes populares y no de sus respectivos sectores. De nada sirve estar conformados por una estructura política rebosante de títeres manejados desde la izquierda, el centro o la derecha. Este es el verdadero drama y lo demás es consecuencia.

El secreto de la democracia es el debate y la crítica; y tales condiciones sólo afloran cuando, de verdad, existe la grandeza de conciencia para asimilar las opiniones en contrario cuando sean convincentes y estén fundamentadas por la crónica y la historia, los hechos mismos, y por estadísticas irrefutables y no interpretaciones sesgadas. Para hacerlo posible es menester, primero, delimitar, en serio, a un presidencialismo presuntuoso y autoritario; y después, sólo después, andar hacia el parlamentarismo en donde el presidente lidere a su partido y tenga un escaño y una curul para defender sus iniciativas sin mandar a sus infanterías “disciplinadas”, o más bien castradas, a la vanguardia del ataque. Es el camino hacia la democracia. ¿Quién se atreve a iniciarlo? Estamos seguros de que no lo hará el señor peña nieto –minúsculas-.

Pero mientras esta situación continúe, México será rehén de los grupos facciosos, de los diputados narcisistas o ególatras –cuya soberbia impide dar la menor razón a sus contrincantes-, en lugar de legislar sobre un código de ética legislativo para impedir que los miembros de este poder se conviertan en una ramificación de los vándalos callejeros.

 

Debate

En el 2000, al triunfo del PAN, el cambio prometido se trocó, como hemos señalado muchas veces, en deleznable continuismo. Y peor: con una mayoría opositora en las Cámaras, el nuevo mandatario, vicente el de las botas, se replegó y esperó las “elecciones intermedias” para lanzar su eslogan sobre el imperativo de “quitarle el freno al cambio”, esto es recuperando el control del Legislativo al que tanto cuestionaron los panistas en su calidad de disidentes. Fue, en este momento, cuando se consumó la inercia de un poder empequeñecido por la torpeza y la soberbia. Y no ha ocurrido nada que evite, cada vez con mayor velocidad, el deterioro.

Los diputados –todos ellos, de todas las fracciones- parecían entenados o escolapios dispuestos para seguir la voz del profesor quien ya les había dado lecciones suficientes para hacer el siempre redituable papel de lacayos. Y l mismo ocurrió y ocurre en el Senado de la República, otrora recinto de pensadores de alto rango aunque estuvieran dominados por el poder presidencial. Ahora ya ni eso…lo tienen secuestrado las gavillas de represores, como Bartlett, o de pederastas, como Gamboa Patrón, o de tránsfugas por antonomasia, como Camacho Solís. Y a ellos agregaríamos los intereses corporativos que han metido la mano como en el caso de Ninfa Salinas Sada, hija del potentado Ricardo Salinas Pliego y socio de Raúl Salinas de Gortari a quien sacamos, hace muy poco, de la Plaza México, a gritos.

¿Cuándo disentirá un legislador de la línea de su partido? La salvedad fue una diputada panista, Verónica Sada, votó a contracorriente pero por una razón fuera de lugar: su disgusto porque las despensas distribuidas en Acapulco por efecto de las tormentas llevaran el emblema del PRI. Estaba en otro mundo y allí se quedó con la mente en blanco. No hubo excepción sino tontería.

 

La Anécdota

¿Cómo tomarán los mexicanos la irreversible perspectiva de que veamos, en muy poco tiempo, estaciones de gasolina de Exxon, Shell, Gulf y otras compañías estadounidenses, e incluso alguna de la española REPSOL?¿Habremos de acudir a ellas como corderitos al sacrificio o habrá soliviantados que bloqueen los accesos?¿Por cuánto tiempo?

Me preguntaron, recientemente, que haría este columnista; y respondí:

–Muy simple: negarme a llenar el tanque de mi vehículo en cualquier expendio extranjero que se instale en México. Pero para que tal sea efectivo es necesario que unamos la fuerza de todos. ¿Será posible?

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