Camiones que no frenan: el precio que paga Saltillo
Por Guillermo Robles Ramírez
Como todos los coahuilenses sabemos, hay accidentes que se convierten en nota nacional. Ayer mismo, 9 de abril del 2026, un tren se llevó por delante un camión repleto de trabajadores de General Motors en el cruce de los bulevares Vito Alessio Robles y Nazario Ortiz Garza, aquí mero en Saltillo. Un muerto. Quince heridos, ocho de ellos graves. La unidad volcó como si fuera de hojalata.
Y uno se queda con el alma encogida, con ese nudo en la garganta que no se quita. Porque esto ya no es “un accidente más”. Es el grito de auxilio que esta ciudad lleva ignorando demasiado tiempo, mientras la industria sigue creciendo y los camiones siguen rodando.
Aunque en lo personal no me gusta cubrir la fuente policiaca, hay noticias de mis compañeros que es difícil de ignorar. Pero lo que está pasando con los camiones y camionetas de transporte privado de trabajadores… pos la neta duele diferente.
Esas unidades grandotas que salen de las colonias lejanas, de Arteaga, de Ramos Arizpe, de Santo Domingo, para llevar a la gente a las plantas de General Motors, Magna Powertrain, Yanfeng, ABB o Sanhua. Son necesarias, claro que sí. Sin ellas miles de familias se quedarían sin cómo llegar al turno de las seis de la mañana o de la noche. Los obreros confían su vida en esos choferes.
Pero desde el 2025 para acá la cosa se salió de control. Y el golpe ya no cae solo en los que van apretados adentro. Está cayendo también en usted y en mí, en el que va en su Tsuru, en su Chevy o en su pick-up, tratando de llegar vivo a casa después de un día de trabajo.
En 2023 y 2024 casi no había nada serio en los periódicos confiables. El Diario, Vanguardia, Zócalo, El Universal… Cero muertos, cero heridos masivos vinculados directamente a estos transportes de personal. Parecía que todo iba más o menos en orden. Pero en 2025 se prendieron las alarmas de verdad: al menos cuatro incidentes fuertes, decenas de lesionados.
Recuerden ustedes la Ruta 7A, unidad 219, el 30 de diciembre en donde ignoró el alto y las alertas de los mismos pasajeros y se metió de lleno al tren en Lerdo de Tejada y Fernando Proal, colonia Panteones. Diez heridos, incluido el conductor. Lo detuvieron. Otro caso fue el 4 de diciembre, un camión de Hergo volcó por exceso de velocidad en bulevar Venustiano Carranza y dejó dieciséis trabajadores heridos. Y el 5 de marzo, un camión de Settepi, ¡sí esos mismos!, que llevan gente a Magna Powertrai, pues hizo una vuelta en U imprudente en Calzada Francisco I. Madero y chocó con un auto particular. Sin heridos graves, pero el mensaje estaba ahí: estos vehículos pesados, cuando fallan, no fallan solos.
Y entramos al 2026 con todo. Apenas tres meses y pico y ya van seis incidentes relevantes, dos muertos y más de cincuenta heridos. Settepi aparece una y otra vez. Fatiga. Distracción. Falta de todo. El 5 de marzo de este año, por ejemplo, el chofer Jorge Luis (Ñ), de 32 años, se quedó dormido al volante en bulevar Venustiano Carranza. Prensó un Chevy particular contra otro camión. Dos heridos. El auto quedó como acordeón. Ahí no iba un obrero cansado: iba un saltillense común y corriente que solo quería llegar a su casa.
En noviembre del 2023 otro camión de personal le dio por detrás a un Nissan Tsuru en la intersección Jesús Valdés Sánchez y Perú, colonia América. Daños materiales, pero el susto quedó. En marzo del 2026, otro de Settepi, Antonio (Ñ), de 37 años, no guardó distancia en la carretera Saltillo-Monterrey rumbo al Parque Industrial Santa María y dejó dieciocho heridos. Tres hospitalizados. Y el 20 de marzo… ¡nuevamente!, el conductor de una unidad Settepi con trabajadores de Yanfeng soltó el volante completo, se levantó de su asiento, se paró en el estribo y se puso a grabar un video con el celular mientras el camión iba rodando por el libramiento Óscar Flores Tapia. Los pasajeros en pánico total. No chocó de milagro. Pero imagínese usted: va manejando, ve venir uno de estos camiones y de repente el chofer está más pendiente del teléfono que del volante. ¿Y si le toca a usted en el siguiente semáforo?
La Ruta 7A concentra los choques con tren. Settepi, en cambio, se lleva el premio a las maniobras imprudentes, a la fatiga acumulada, a la distracción pura. El 6 de enero un camión de ellos se quedó sin combustible en la salida del túnel Nazario Ortiz Garza hacia el periférico: caos vial de más de treinta minutos. El 21 de febrero, en bulevar Miguel Ramos Arizpe, un auto Infiniti invadió carriles y chocó de frente contra un Settepi. Un muerto en el auto particular. Heridos leves en el camión. Y el 20 de marzo, otra volcadura de un conductor de 18 años en el libramiento Óscar Flores Tapia, frente a Sanhua: dieciocho trabajadores heridos. Fatiga otra vez. Los patrones se repiten: cansancio por jornadas eternas, presión por cumplir horarios, exceso de velocidad, ignorar señales en cruceros ferroviarios.
No hay cifras oficiales consolidadas de la SIDUM, de la Fiscalía ni del INEGI. Pero los medios serios sí los documentan, uno por uno. Y lo más cabrón es que los afectados ya somos todos: no solo los obreros, también los automovilistas de Saltillo, los que pagamos impuestos y solo queremos circular sin miedo.
Y aquí viene lo que más rabia da: sí se puede arreglar. No hace falta inventar una ley nueva. La Ley de Transporte y Movilidad Sustentable del Estado de Coahuila, reformada en mayo del 2025, lo tiene clarísimo en los artículos 83 al 87. El transporte especializado de personal requiere permiso de la Secretaría de Infraestructura, Desarrollo Urbano y Movilidad (SIDUM) y debe presentar itinerario de ruta autorizado (artículo 85, fracción V). La ley misma obliga a “planificar, ordenar, regular y gestionar la movilidad” para reducir impactos (artículos 1 y 2). El Programa Estatal reconoce que estos vehículos “han originado problemas de congestionamiento vial en Saltillo” y ordena la acción 3.6.2: realizar un diagnóstico de rutas para evitarlo.
La SIDUM puede modificar itinerarios, imponer restricciones horarias o suspender circulación por riesgo. Los ayuntamientos también tienen facultades. ¿Y qué ha pasado? Nada. No hay cupo máximo ni prohibición expresa sobre los conocidos coloquialmente “Puentes de la Gente”.
Pero con lo que ya está escrito alcanza para ordenar rutas y proteger a la gente. Ha faltado disposición. Ha faltado voluntad. Mientras tanto seguimos contando heridos y muertos.
Yo no estoy en contra del empleo ni del progreso. He visto cómo Saltillo y Ramos Arizpe crecieron gracias a estas plantas. Pero cuando un chamaco de 18 años se duerme al volante frente a Sanhua, cuando otro graba videos en vez de manejar, cuando un camión prensado deja a un padre de familia en el hospital… eso ya no es mala suerte. Es omisión.
Sin politizar el tema, ya es hora. Que la SIDUM cumpla su propio Programa Estatal. Que el Ayuntamiento use sus facultades. Porque cada vez que uno de estos camiones falla, no solo se rompe una familia obrera. Se rompe la confianza de toda la ciudad. Piense nomás. Mañana puede ser su turno. O el de su hijo. O el de su vecino. Basta. Saltillo merece algo mejor. (Premio Estatal de Periodismo 2011 y 2013, Presea Trayectoria Antonio Estrada Salazar 2018, finalista en Excelencia Periodística 2018 representando a México, Presea Trayectoria Humberto Gaona Silva 2023) www.intersip.org
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