Nos la estamos acabando

Cuando suceden desastres naturales sin importar de que tipo, es cuando las personas nos acordamos de que existe algo allá afuera más grande y poderoso que su propia tecnología, algo que no puede controlar ni predecir ni con los instrumentos más avanzados inventados por el ser humano. Hasta entonces nos percatamos de que es un habitante más de éste planeta azul de ésta galaxia conocida como Vía Láctea.

El planeta Tierra bautizado así por el hombre, es un ser viviente, no es simplemente una cosa en la que estamos parados. A su estilo, la Tierra se limpia sola, como nos limpiamos nosotros al bañarnos. Por ejemplo, se irriga sola con las lluvias. Hace aparecer y desaparecer pedazos de terrenos y modifica el ecosistema cada varios de cientos de años.

Así que los humanos, con todo y que hemos logrado conocerla bien, en realidad somos una plaga. Es falso que seamos seres razonables, pues nuestro comportamiento antiecológico se asemeja más bien al de los virus, que son los únicos seres que destruyen su hábitat hasta matarlo para poder subsistir.

La tierra, un día, nos verá como una plaga y se va a limpiar de nosotros, como lo estamos viendo en los últimos sucesos alrededor del mundo; inexplicables huracanes, trombas, granizo, tornados, heladas, diluvios, terremotos, sequías o cualquier fenómeno natural están sucediendo en lugares geográficos de población donde era imposible o hasta descartado que fuera a suceder; es como sí la misma Tierra, estuviera ya reclamando o limpiándose de la plaga del ser más inteligente que habita en el planeta azul, que es el ser humano.

Solamente sobre la amenaza, el hombre es cuando reacciona con su preocupante conciencia de su propia existencia queriendo remediar lo que por siglos no ha cuidado para evitar lo inevitable, pero cuando se le pone una fecha, es hasta entonces cuando hacen campañas para cuidar de su propio hábitat como lo sucedido cuando se acercaba en diciembre del 2012 con el calendario maya y la profecía sobre el fin del mundo.

Sin ir tan lejos al otro extremo del continente, en Coahuila somos buenos para eso. En medios de comunicación de la entidad, se han reportado numerosas ocasiones distintos casos en los que nos la arreglamos para destruir nuestro entorno, y lo peor es que lo seguimos haciendo y lo más triste es que seguramente en el futuro encontraremos nuevas causas de reportar casos en los que hayamos de contaminar.

Solamente por mencionar uno de tantos, tenemos el caso del Río Nazas, de cómo es que se tiran desechos industriales y cómo es que éstos pueden llegar a contaminar el agua que toman los laguneros. Quizá ésta sea uno de los ciclos de la naturaleza para deshacerse de nosotros.

Ha quedado plasmado en la historia de los medios, ya sea por la prensa escrita o electrónicos, de cómo la actividad carbonífera ha dado al traste con el río Sabinas, también se ha presentado casos bien recordados como la catástrofe de la presencia de arsénico en el agua de La Laguna de Coahuila, acentuándose este problema en Torreón, en donde se han visto obligados a instalar poderosos filtros para reducir el arsénico que ha contaminado al preciado líquido, por otro lado, está la tala de bosque de Arteaga, en “Boquillas del Carmen” y en otros lugares, el maltrato a la mariposa Monarca o la muerte de peces en las presas, el riesgo de resecar el área protegida de Cuatro Ciénegas o la sobreexplotación de los mantos acuíferos.

La actuación del hombre sobre el medio ambiente da para mucho tema y crítica para cualquier medio de comunicación. Pero la pregunta es: ¿Estamos obteniendo una enseñanza de todo esto? Creemos que sí. El problema es que, como toda evolución social, se da muy lentamente. Esperemos que la depredación de hoy en día no alcance a terminar lo que tenemos antes de que nos caiga el veinte.

En este aprendizaje se necesitan varias piezas fundamentales. Lecciones fuertes que perturben nuestra vida y que obliguen a tomar medidas serias. Necesitamos aprender a utilizar sustentablemente nuestro entorno, aprovechar el ambiente no implica acabar con él.

En lo dicho, podemos depredar el planeta, pero lo que éste no nos va a tolerar, es que nunca aprendamos algo de esta depredación. Quien tropieza dos veces con la misma piedra, no merece seguir por su camino. (Premio Estatal de Periodismo 2011 y 2013) www.intersip.org

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