Guillermo Robles

Ni gota en el cielo

Por Guillermo Robles Ramírez

“Arrodillado el labrador, sobre su campo

acariciaba su tierra moribunda de sed

yerma, quebrada, endurecida

secando la vida de las hierbas.”

Esta estrofa del poema “La Sequía” del uruguayo Nicolas Ferreira; bien pudiera ser la mejor definición del dramático panorama que priva en Coahuila.

Una naturaleza implacable e impasible, ajena a los afanes y luchas de los coahuilenses por enfrentar una sequía que ya ha durado durante varios años y que con el tiempo ha ido empeorando.

Un personaje político que aparentaba simpatizar con la gente del campo, ha decepcionado a miles de campesinos, ante su insensible, y sangre helada que circula en su cuerpo que les pagó como agradecimiento a sus votantes; con el retiro de dinero y programas para el campo dejando en un total abandono al pueblo del campo el gobierno lopezobradorista.

Mientras que el gobierno de la Cuarta Transformación, presume obras interminables como el rompeolas en Salina Cruz, de Oaxaca ; las presas de muchas partes del país lucen como charcos lodosos; los cauces de los ríos resecos, los acuíferos se agotan, el campo padece una total carencia de agua, apenas si hay para el consumo humano, el ganado muere de sed, la falta de pastos, la vegetación luce escuálida y requemada; y en muchos de estos lugares no hay racionamiento ni para lo más indispensable.

            Durante años Coahuila ha sido objeto de constantes sequías unas apenas perceptibles y otras asfixiantes como la de este año. En la actualidad vivimos una de las más agudas sequias, es decir, escasas lluvias, intensos calores y, para rematar, una creciente demanda de agua. La sequía no es un juego, es un enorme problema que requiere soluciones iguales.

            Cuando la naturaleza se porta de esta manera, el hombre, que se ha caracterizado por su lucha contra el medio, busca la forma para cambiar la situación; en el pasado se efectuaban rituales mágicos para provocar la lluvia, después, oraciones y plegarias.

            El dios Tláloc no nos hace caso por no tener una cultura del agua en cuanto a sus cuidados porque ningún programa federal y menos tecnología porque el gobierno federal eliminó el dinero para la investigación, porque considera que no será la panacea para resolver el problema de la sequía.

            Nunca será la solución más que afrontar el enorme problema con la participación de todo el aprovechamiento del agua y valorar cada gota que tengamos. Aquí la carencia de lluvia es ajena a cualquier gobierno del pasado a quien culpar, pero la falta de interés de solucionarlo sí lo es.

            La desesperación de los coahuilenses ante tal problema y de no ser escuchado por Tláloc, ahora le piden a San Isidro Labrador, para que se apunte un milagro más a su lista de maravillas como la aparición de fuentes, y manantiales, pero sobre todo la ayuda divina en el campo.

            Proyectos de construcción de presas se topan con problemas presupuestales y la extracción de agua de mantos freáticos afronta vedas o lo que es otro problema ya están demasiado perforados resultando contraproducente tomar de ellas porque se convierte nuestro peor enemigo arrebatándonos la salud por sus peligros minerales como el zinc y su veloz abatimiento de los mismos. Proyectos más complejos como la importación de agua, desviación de ríos, potabilización de aguas negras y hasta la condensación de la humedad atmosférica o lo que es más coloquial el famoso bombardeo de nubes, son opciones que se han analizado

            Ya en un pasado este método se aplicó de manera estrictamente científica, el programa de inducción de lluvias operadas por una empresa estadounidense de reconocido prestigio, misma que aplicó este método en más de veinte estados de la Unión Americana. Pero recordemos que el país no tiene ninguna relación al exterior porque la política del Presidente de México, es “dizque” atender los problemas del interior, pero me pregunto: ¿Y ha solucionado alguno?

            Pese a que la sequía es un problema que afecta a todos son pocos los que hacen algo para combatir sus estragos aminorarlos. Es necesario que industrias, productores agropecuarios y usuarios de los sistemas de aguas municipales y paraestatales, comprendan la importancia de cuidar el vital líquido y ahora también se necesita la intervención en el campo que fue olvidado por el gobierno de la culpa, por el gobierno del ahorro, por ese gobierno de austeridad sinónimo de pobreza, en pocas palabras por el gobierno del caudillo Obrador. (Premio Estatal de Periodismo 2011 y 2013, Presea Trayectoria Antonio Estrada Salazar 2018, finalista en Excelencia Periodística 2018 representando a México) www.intersip.org

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