LAS MANIFESTACIONES DE LAS MUJERES Y EL PERFIL MISÓGINO DE LA SOCIEDAD

La mujer, ha enfrentado a través de la historia,  condiciones verdaderamente difíciles para posicionarse de manera  política, económica o social. Las condiciones de discriminación, racismo y desigualdad, impuestas por una sociedad machista ha profundizado la brecha que obstaculiza la justa equidad de género por la que ha luchado la mujer por siglos. Quedan como muestras fehacientes de estos esfuerzos las posturas dignas de Sor Juana Inés de la Cruz, de Simone de Beauvoir y de tantas mujeres que desde el anonimato han luchado porque el estigma de ser mujer sea eliminado.

Largas y feroces luchas en el marco de la legalidad y la cultura se han emprendido, sin que hasta el momento se perciban cambios sustantivos.

Los medios masivos de entretenimiento, que no de comunicación, han estructurado por décadas la  imagen de una mujer desvalorizada cuyo único papel en la vida es esperar que un hombre lleno de virtudes físicas, económicas y morales llegué a rescatarla de las desventuras que padece.

Serie tras serie, novela tras novela, programa tras programa, los insulsos medios, insisten en crear una imagen que fortalece la cosificación de la mujer: ora como objeto de placer, ora como imagen burda de la lujuria.

Basta con mirar en nuestro derredor para observar la ominosa condición de la mujer: anuncios publicitarios en los que se muestra desnuda o semidesnuda aún cuando el artículo anunciado nada tenga que ver con el cuerpo femenino. 

La cosificación constituye un acto de barbarie porque sin el menor recato se degrada al ente,  negándole de facto cualquier derecho legalmente constituido. De ahí que en los últimos años hemos sido testigos del ataque brutal en contra de las mujeres. Los feminicidios, la trata de blancas, el acoso sexual, la explotación laboral , la desigualdad social y económica que padece el género femenino son condiciones derivadas de este terrible cáncer. 

El panorama se presenta difícil para ese sector social que busca romper las estructuras que oprime y denigra a la mujer sobre todo cuando en el mismo sector se perciben resistencias para que esa condición se modifique. 

Las dos marchas organizadas por las mujeres que han sido objeto de agresión, acoso, pérdida de algún familiar o amiga o simplemente las que están en contra de la situación de inseguridad, ha provocado más animadversión que solidaridad de la sociedad que se niega a ver la dimensión del problema que enfrenta el sector femenino.

Los calificativos de feminazis, locas o resentidas sociales atribuido a las mujeres que participaron en las marchas, revela el  perfil misógino de todas las personas que minimizan o desdeñan los 7.5 feminicidios que en promedio ocurren cada día en México, según informes de la división Mujeres de la Organización Naciones Unidades (ONU Mujeres).

La acerva crítica en contra de las manifestantes por las pintas realizadas en algunos monumentos, ha desviado la atención sobre las razones que las han obligado  a realizar sus protestas. Por desgracia, esta situación está acentuando la invisibilización que han sufrido hasta ahora y el riesgo de que se fortalezca la abulia de las autoridades en la aplicación de la justicia..

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