El Sendero de los iluminados: La moral cristiana

Por Alan Prado

Hay dos tipos de fiabilidad. Una depende de nuestra valoración sobre las cosas. Es entendida como fiabilidad subjetiva. La otra depende de la faceta en que el espacio es realmente. Se identifica como fiabilidad objetiva. La universalidad de la sociedad no piensa en la diferencia entre ambas. Y eso hace que cualquier disputa sobre la percepción de fiabilidad sea discutido y muy debatido. Pero debemos abordarlo. La faceta en que entendemos la fiabilidad afecta a todos los aspectos de nuestra historia. Y la faceta en que respondemos a las preguntas más importantes de la historia depende implícitamente de ella. La fiabilidad es una forma objetiva del espacio en que vivimos.
Es esencial para la propia existencia. Hacer afirmaciones sobre la naturaleza de la existencia requiere que reconozcamos una forma diferente de la fiabilidad. La fiabilidad objetiva en la vida es distinto.

Todos los dioses son creados en casa,y somos nosotros quienes tiramos de sus cuerdas y de este modo les damos el poder imperioso para que tiren de la nuestra, nosotros somos los creadores, somos tan poderosos, que creamos formas de juicio subordinadas como el demiurgo y terminamos cediendo nuestro poder, convirtiéndonos en esclavos de nuestra propia creación, la independencia viene de darse cuenta del poder interior y la sumisión por el temor a gobernarse a si mismos y someternos ante ciertas creaciones inferiores a ti mismo.

Para mi solo existe un bien y un mal perfectamente constituidos en nuestra conciencia, el mal es la ignorancia, por otro lado el bien es la sabiduría, el conocimiento.

El conocimiento de los poderes ocultos de la naturaleza, ofrece al hombre el aspecto indeterminado de las facultades intelectuales, amplía sus facultades de libertad y lo conduce infaliblemente a un fervor más profundo por el autoconocimiento.

Por otro lado la ignorancia y la apretura de miras dogmáticas y un sobresalto pueril de mirar los fundamentos de las cosas, invariablemente conduce a la adoración de fetiches, ídolos, santos hechos de oro y la superstición. La moral cristiana, alberga un rechazo a la vida convirtiéndose de esta manera en pura negación: si lo único bueno y perfecto es dios, todo lo demás es malo. De allí que haya que explicar la historia, redimirla y recientemente negarla, en pro del espiritual ascético, de la pura carencia. Lo que impera entonces aquí, es el de la mala imparcialidad, la suma teológica en el que descansa el empleo social, la carcel del rebaño. La imparcialidad del tropiezo y te hace caer llevandote a la exaltación forzoso de la escalofriante indisposición del espíritu, la autocompasión, “el sufrimiento del hombre por el hombre», el sometimiento y adoctrinamiento por la mentira santa.

Mientras exista vida debes escuchar una cosa, se debe luchar siempre por la justicia y no por la maldad, la verdad del universo es que nada es seguro, no hay justicia perfecta ni maldad perfecta, puedes efectuar justicia desde la maldad, y según veo la vida es justicia.

Alan Prado (AMEP 11:11).

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