Dicho por expertos y paren orejas

Por Guillermo Robles Ramírez
Lo hemos dicho y sostenido muchas veces, y lo seguimos repitiendo porque la realidad no cambia por más que se maquille; el manejo y funcionamiento de los basureros públicos, ahora les dicen “rellenos sanitarios” para que suene más moderno y responsable, pero para el caso es lo mismo; sin excepción alguna, están a cargo de inexpertos, de personal improvisado y de gente que muchas veces llega ahí por compadrazgos o por necesidad política más que por conocimiento técnico.

Por más publicidad, campañas en redes y discursos bonitos que hagan los dueños de esos “negocios”, porque sí, en varias ciudades del país, incluyendo algunas de Coahuila, han convertido el servicio de recolección y disposición de basura en un filón de oro, a lo que es lo mismo un “elefante blanco”, siendo la verdad es que se trata de una simple recolección de desperdicios con una separación parcial de sólidos y otros materiales, cuando se hace, y punto.

Aunque por lo general el puesto de Dirección Nacional de Residuos Peligrosos en la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT), ha sido clara y contundente en sus declaraciones que casualmente quienes fungen en el presente o posterior al puesto por pura casualidad se dedicaran a consultorías y asesorías en residuos y sustancias químicas.

Y no por casualidad una vez que conocen el sistema burocrático afirman cosas que duelen, pero son reales; siendo que una buena parte de los rellenos sanitarios en México ya rebasaron su capacidad de almacenamiento, y en muchos casos su vida útil terminó hace rato.

Aunque no hay un porcentaje exacto reciente que diga “la tercera parte” como se mencionaba antes, las estimaciones y reportes siguen apuntando a que muchos están saturados o al borde, con problemas crónicos de operación, lixiviados (líquido generado entre agua con desechos sólidos) mal manejados, emisiones de gases y riesgos para la salud.

En 2025 y 2026, la SEMARNAT y expertos coinciden en que el país genera alrededor de 120 mil toneladas de residuos sólidos urbanos al día, un salto entre las 102 y 108 mil de años previos, y aunque la recolección llega entre 83 y 85% en promedio, la disposición final adecuada sigue siendo insuficiente.

Los especialistas insisten en que ya no es solo un problema técnico ni económico; se ha convertido en un lío social y político de proporciones graves. Existen normas, reglas, disciplinas y hasta legislación federal señalados en la Ley General para la Prevención y Gestión Integral de los Residuos (LGPGIR) y sus reformas recientes, que establecen cómo se deben manejar los residuos, con jerarquía clara: prevenir, reutilizar, reciclar, tratar y solo al final disponer.

Hay un Programa Nacional para la Prevención y Gestión Integral de los Residuos (PNPGIR) actualizado en versiones 2022-2024 y con planes para extenderlo o renovarlo en este año 2026, promoviendo economía circular y manejo integral.

Pero todo eso, en la práctica, no les importa gran cosa a muchas autoridades municipales. No aplican lo que marca la ley por cuestiones políticas, por falta de recursos, por miedo a conflictos con comunidades o simplemente por desidia. Y lo lógico es que esta improvisación y mal manejo termine generando problemas serios que afectan directamente a la población como es la contaminación de mantos freáticos, malos olores, proliferación de fauna nociva, incendios espontáneos, emisiones de metano que contribuyen al cambio climático y riesgos sanitarios que tarde o temprano explotan en brotes de enfermedades o protestas vecinales.

Oficialmente, el viejo Programa Nacional para la Prevención y Gestión Integral de los Residuos de 2008-2012 ya señalaba que más del 35% de la basura terminaba en tiraderos a cielo abierto sin control, pese a que la ley prohíbe expresamente esos sitios y obliga a su cierre progresivo. Han pasado años y el panorama no ha mejorado tanto como debería: aunque las cifras varían según la fuente, reportes recientes indican que más del 70% de los municipios en México todavía depositan residuos en tiraderos a cielo abierto o sitios no controlados, y el 87% de los sitios de disposición histórica eran de ese tipo según INEGI en datos que persisten en discusiones actuales.

En 2025-2026, SEMARNAT reporta que se generan 120 mil toneladas diarias, con recolección alrededor entre el 83 y 85 por ciento y disposición en sitios finales de rellenos o controlados, que no llega al 80% en muchos casos, reciclando apenas un porcentaje bajo al menos del 10 y 12 por ciento en promedio nacional.

De los cientos de ciudades grandes en México estamos hablando más de 142 con más de 100 mil habitantes, según registros antiguos que se mantienen como referencia, solo una minoría cuenta con rellenos sanitarios operando de forma más o menos controlada.

No son 18 como se decía antes; hay cientos en el país siendo el Estado de México que tiene 28, Jalisco 27, Veracruz y Chihuahua 18 cada uno, Guanajuato 17, y así se pueden mencionar más ciudades, pero muchos funcionan con problemas graves en donde les falta de liners impermeables, manejo inadecuado de lixiviados, sobrecarga, incendios frecuentes y quejas vecinales.

Entre los que figuran como “ejemplos” relativos, aunque con sus propios dolores de cabeza, están los de Torreón, Guadalajara, Tijuana, Ciudad de México que deposita en rellenos del Edomex y Morelos, León, Ciudad Juárez y otros.

Y hablando específicamente del relleno sanitario de Saltillo, ¿qué tipo de problemas tiene? Pues justo eso es en lo que los funcionarios municipales saltillenses responsables del manejo o al menos de la vigilancia deberían poner atención urgente.

En los últimos años, el relleno ha estado al límite; la fosa actual solo por mencionar la siete, por ejemplo, recibe diariamente entre 800 y 1,000 toneladas de residuos sólidos urbanos más desechos vegetales, y la generación ha duplicado en algunos periodos por el crecimiento poblacional y el consumo.

El alcalde Javier Díaz González advirtió en 2025-2026 que la capacidad se agotaría hacia finales de 2025 o inicios de 2026, hacia noviembre o enero, y ya se habla de la necesidad de un segundo relleno o nuevo terreno.

La causa son problemas comunes como saturación prematura, posibles filtraciones, olores que afectan colonias cercanas, riesgos de incendios y la presión de que la basura se acumule si no se actúa rápido. Los de Servicios Primarios y el ayuntamiento deben parar orejas, acercarse a SEMARNAT para revisiones técnicas, cumplir con normas NOM-083-SEMARNAT-2003 y demás, y prevenir sanciones económicas, clausuras o demandas que vendrán tarde o temprano si siguen improvisando.

Bueno, al menos es lo que sugerimos desde afuera, porque esto no es un chiste; la basura no se estira con discursos ni con promesas. Es un problema que crece todos los días, que huele mal y que afecta la salud de todos. Hay legislación, hay programas nacionales empujando hacia la economía circular y la reducción de disposición final, hay hasta presupuestos federales para apoyar municipios en 2025-2026; como fondos para plantas recicladoras o remediación, pero si no se aplica con seriedad y sin politiqueo, seguiremos con el mismo rollo: rellenos saturados, tiraderos clandestinos y comunidades pagando las consecuencias. Ojalá los gobiernos municipales, empezando por los de Coahuila, tomen nota antes de que el problema explote más grande. Porque la basura, tarde o temprano, regresa a quien la genera. (Premio Estatal de Periodismo 2011 y 2013, Presea Trayectoria Antonio Estrada Salazar 2018, finalista en Excelencia Periodística 2018 representando a México, Presea Trayectoria Humberto Gaona Silva 2023) www.intersip.org

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