Desafío¡A Correr Soldados!

*¡A Correr Soldados!
*Demasiadas Arengas
Por Rafael Loret de Mola


Cuando surgió el EZLN con la fuerza de las armas –pocas, porque la mayor parte eran de palo como me diría Manuel Camacho Solís en su momento-, los mandos castrenses se la pasaron muy mal a pesar de que, tiempo atrás, tenían localizados las guaridas de adiestramiento por parte de los futuros alzados y jamás se atrevieron a intervenir. Cuando llegó el momento y un grupo de partisanos tomó el control de San Cristóbal de las Casas, y ocho comunidades más, en el amanecer de 1994, el año de la sangre política, los soldados convocados para repelerlos, la mayor parte de ellos jóvenes sin experiencia, temblaban ante lo incierto de sus acciones.

Falso que alguna vez hayan tenido bajo seguro el alzamiento; de haber sido así, el cese al fuego decretado unilateralmente por el traidor salinas no hubiese sido necesario a menos de que se tratara de una burda estrategia de éste para colisionar las campañas electorales y tratar de mantenerse en el poder; el segundo paso para ello fue el magnicidio de Colosio. ¿Por qué no pudo conseguirlo? Acaso la nomenclatura priista de entonces no dejó que las aguas se salieran de cauce y obligaron al mandatario a girar hacia otros rumbos. Y así legó zedillo a la Presidencia, gracias a su mentor Joseph-Marie Córdova Montoya, el anglo-hispano-mexicano mil veces señalado y nunca enjuiciado entregado a las órdenes de la poderosa e inescrutable CIA. Todo lo demás fue consecuencia, incluyendo la paulatina entrega de soberanía y territorio bajo una oscuridad profunda que cayó sobre los mexicanos. Esteban Moctezuma Barragán, el ahora secretario de Educación y en esos momentos como secretario de Gobernación, aseguró que terminaría con el conflicto en dos semanas. JAJAJAJA.

Viene el apunte porque ahora sucede algo similar con el ejército y la marina. Hace un año, en La Huacana, Michoacán, no sólo los pobladores doblegaron a los mílites por ellos arrinconados sino además exigieron que uno de ellos llamara al mando central para que les devolvieran las armas substraídas a los habitantes del poblado. Los videos se hicieron virales y llegaron a todos los rincones del planeta exhibiendo a los elementos de seguridad mexicanas como unos pobres aprendices sin el menor decoro ni la mínima capacidad.

La misma situación se dio a la vera del Suchiate hace unos días cuando la arremolinada multitud de inmigrantes, azuzados por el llamado de López Obrador a protegerlos e incluso abrazarlos y convertirlos en mexicanos –una barbaridad-, se lanzaron y desarmaron a un grupo de militares quienes o tuvieron más remedio que dejar detrás de ellos una polvareda al ritmo de sus zancadas, huyendo. Con estas imágenes el miserable Trump debe haber dado brincos de alegría no sólo porque los cuarenta y cinco días de plazo corren –ya vamos a la mitad-, sino que tal demostración de incapacidad es suficiente razón para la indeseable injerencia de los estadounidenses, el verdadero interés del señor de la Casa Blanca ante un gobierno al que observa débil pese al blindaje blando de su popularidad.

Es preocupante, por decir lo menos, que existan más sicarios, unos 600 mil y mejor armados además, comparados con el número de efectivos del ejército, la marina y la guardia nacional. No se ha asegurad nuestra soberanía; no podemos estar tranquilos los mexicanos sólo con cuanto se dice y desdice en las mañaneras.

Así y todo, el ejército y la marina ya están en las calles como policías; y el narcotráfico, por supuesto, al alza porque nadie le isa los talones.

La Anécdota

Nunca un presidente de México había hablado tanto como el actual. Se decía que Luis Echeverría se había convertido en locuaz, luego de muchos años se enigmática discreción al frente de diversos encargos burocráticos incluyendo la titularidad de Gobernación, apenas sintió el poder sobre su testa, si bien no coronada, casi por los soterrados caminos del presidencialismo autoritario.

Décadas después, Vicente Fox no paraba ni para de hacer comentarios absurdos lo que bien le ganó el mote de “chachalaca” que le impuso, nada menos, Andrés Manuel en sus días de campaña por 2006. ¡Cállate!, le gritó varias veces arguyendo que un presidente debía respetar a sus opositores y no descalificarlos con infundios y advertencias veladas. Tiempo después, ya con el usurpador calderón puesto en la picota de un mandato ilegítimo, Fox se ufanaba de ello.

Ahora el comportamiento de locuacidad del mandatario en turno nos remite a sus predecesores. Dice que se debe respetar a la autoridad cuando lo abuchean, lo que jamás él hizo. No es afán de molestar sino de establecer los hilos conductores del deplorable sistema político mexicano.


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