Desafío: ¿Nos fue Bien?

  • ¿Nos fue Bien?
  • Impuestos Nulos

Por Rafael Loret de Mola


En estas fechas es costumbre, casi, ser optimista; ¿me perdonarán si les digo que yo no lo estoy, como una especie de aguafiestas, un papel detestable en principio? No observo en 2021, como nos miente la administración de la 4T, ninguna posibilidad de recuperación ni mucho menos. Pese a los precios del petróleo –posiblemente a poco más de cuarenta y nueve dólares por barril lo que haría volar en mil pedazos las estimaciones gubernamentales previstas en la ley de ingresos de la Federación-, y el también vaivén entre el alza mínima y la baja del valor de nuestro golpeado peso –más bien deberían ser castigados los administradores inútiles y mentirosos en vez de nuestra divisa-, nos hacen prever una crisis muy parecida a la de 1994 –o a la de 1932 como ya expresó el “probo” Arturo Herrera Gutiérrez- cuando tanto se habló de que el blindaje era sólido tras el año de la barbarie y bastaron veintinueve días para que cesara el entonces titular de Hacienda, Jaime Serra Puche.

Ahora, a la distancia, Serra y Ernesto Zedillo se suelen llamar amigos tras haber convertido a México en rehén de las especulaciones oficiosas, hipotecando lastimosamente nuestro futuro incluyendo la ruina de miles y miles de ahorradores engañados y bolseados con la mayor impunidad. No olvidemos para no perder la perspectiva de futuro.

Alguna vez me confió el señor Serra Puche, en Cancún para ser exactos durante un seminario, que Zedillo sólo era receptivo ante personajes que él consideraba de su “nivel” y despreciaba a cuantos no entendían su ambivalente diálogo, cargado de justificaciones y medias verdades –es decir, mentiras plenas disfrazadas-. Tenía como honor, el célebre despedido de la hacienda pública, formar parte del selecto grupo si bien, en lo personal, más bien creo que su ingenuidad lo hacía ver así porque siempre hace faltan los bufones en las Cortes de los monarcas quienes, en México, abdican sexenalmente pero sin permitirse desviar las líneas financieras esenciales, dictadas por el Fondo Monetario Internacional.

De allí, recuérdenlo, salieron el español Rodrigo Rato, quien fue a la cárcel en España, y Agustín Carstens Carstens, el único “médico” de las vías respiratorias capaz de convertir un catarrito en pulmonía. Otra gloria de México.

Pero, entre todos, quienes se llevan las ovaciones son, sin duda, Luis Videgaray, regañado y maltratado de palabra por Pedro Aspe hace algún tiempo en Brownsville, Texas. El padre del neoliberalismo en México, formado por Salinas en los menesteres oficiales, le indicó al titular de la secretaría de Hacienda en la época peñista que, sencillamente, estaba llevando al país a la bancarrota con las reformas fiscales por éste concebidas además del fracaso de otras, como la de telecomunicaciones e incluso la energética, paralizadas por los vaivenes del mercado que debieron ser previsibles para quienes aseguran haber cursado, siquiera, la preparatoria y sin doctorados rimbombantes. Pero el señor Videgaray se creyó en otro país –el mismo error de Salinas con Aspe de la mano-, y pretendió ocultar el sol con un dedo. Ahora estamos en espera de que la FGR actúe de manera autónoma, por primera vez, y finque cargos contra este sujeto.

El segundo de la lista amarga de ineficaces y predadores de la hacienda pública, es Arturo Herrera Gutiérrez, el actual titular luego de reemplaza a Carlos Urzúa, éste sí experto, en mayo del presente año en finiquito. Nos damos de topes contra la mediocridad ingente.

Por ejemplo, en materia de recaudación, veintidós entidades del país no cumplen con regularidad sus respectivos tributos al gobierno federal a causa de las alcabalas ilegales impuestas por el narcotráfico que, sencillamente, se lleva las tajadas sin el menor control; es tal la gravedad del asunto que los diez estados que mantienen los cursos normales, incluyendo la Ciudad de México, apenas están sobre la línea sin grandes posibilidades de explotar, aún más, a los causantes cautivos, muchas veces doblemente –por el gobierno y el poder real-, en plena debacle de la autoridad moral de los funcionarios públicos sin menoscabar al presidente de la República cuyo prestigio rueda entre los caballos del Apocalipsis.

Pese a ello, los mentirosos, más bien demagogos insisten en que la perspectiva es estupenda y merecería ser ampliamente festejada en estos tiempos. Y para colmo nos augura el presidente electo de USA, Jose Biden, que los días más oscuras están por llegar de la mutante y maldita pandemia que nos tiene asfixiados y con solo la alegría de ver a los nuestros por vídeollamada.

Tal es el saldo ominoso de un año para olvidar.

La Anécdota

Una correlación justa debería indicar que el pago de impuestos debe darse en forma paralela a la confianza que se tenga por los gobernantes; además, seguimos siendo una de las naciones con mayores gravámenes en el mundo, esto es como si nos fluyera el dinero.

Hace unos días, en Mérida, realizamos una encuesta informal con representantes de diferentes núcleos sociales: nueve de cada diez dijeron no pagar tributos aun cuando les especificamos que lo hacían al cargar combustible o comprar comestibles; en todo momento. La respuesta fue la misma:

–¡Y todo ese dinero se lo “clavan” los políticos!

–¿Le cae bien López Obrador?

–Ni me lo diga… es de los peorcitos.

Por favor, tratemos de explicar cómo debe darse la congruencia.


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