Cara o cruz requiestac in pace al PRI

Por Patricio Torres Paredes

Con 92 años de edad, el Partido Revolucionario Institucional, creado por el Caudillo Plutarco Elías Calles, parece condenado a desaparecer. El presidente Andrés Manuel López Obrador parece dispuesto a empujarlo al precipicio y dejarlo moribundo. En 2024 estaría listo para el arrastre.

Actualmente, el otrora poderoso e invencible PRI gobierna en 12 de las 32 entidades del país. El 6 de junio próximo estarán en juego 15 gubernaturas, ocho de ellas están en manos de priistas. Y según los pronósticos y las encuestas, el partido que preside el campechano Alejandro Moreno Cárdenas, “Alito”, tiene muy pocas posibilidades de ganar. Los muy optimistas prevén que el PRI retenga, cuando mucho, una o dos gubernaturas.
En el mejor de los casos, aceptando que pudiera ganar en Sinaloa y Colima, por ejemplo, el PRI terminaría el 2021 con una capital político de seis gubernaturas. Las que no entran en el proceso electoral de este año son las de Hidalgo, Coahuila, Oaxaca y el Estado de México. Empero, entre 2022 y 2024 también estos emporios priistas podrían cambiar de manos.

El presidente López Obrador le tiene especiales ganas aL Edomex que gobierna Alfredo del Mazo; Hidalgo de Omar Fayad y Coahuila, de Ángel Riquelme, principalmente porque el PRI nunca ha perdido el poder.
No hay vuelta de hoja. Si en 2022 el PRI pierde Hidalgo y Oaxaca y en 2023 Estados de México y Coahuila, el PRI prácticamente desaparecería del mapa político de México. Para ese entonces tendría 94 años de vida.


Las estimaciones de los expertos no son fatalistas. Ni reflejan animadversión al PRI. Es la realidad contundente e innegable. Muchos culpan del desastre a Alejandro Moreno. Dicen que el actual dirigente está entregado al presidente López Obrador. Y es que no quiere que le pase lo mismo que a Javier y César Duarte, Roberto Sandoval, Roberto Borge y Tomás Yarrington, entre otros.

Sin embargo, “Alito”, a quien muchos de sus compañeros le llaman “Amlito”, no es el verdadero culpable. Fue el expresidente Enrique Peña quien, literalmente, lo condujo al despeñadero. El PRI recuperó el poder en 2012, después de 12 años de supremasía del PAN. Ese regreso al poder no se supo preservar. Se le hundió y ahogó en la corrupción.

Colaboración de tripleerre.com

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