Barack Obama en 2016: Más penas que glorias

La Habana  (PL) Los intentos fallidos del presidente Barack Obama para luchar contra la violencia y la brutalidad policial en Estados Unidos y por un control más efectivo de las armas de fuego estuvieron entre sus principales frustraciones en el 2016.
Por esas y otras razones, este último año en la Casa Blanca el gobernante tuvo más penas que glorias, y cuando entregue el puesto en la Oficina Oval a Donald Trump, el 20 de enero próximo, dejará una larga lista de tareas pendientes.
El propósito de implementar una reforma migratoria que regularice el status de más de 11 millones de indocumentados es una de las promesas que no pudo hacer realidad y que en este año sufrió serios reveses.
A pesar de las presiones de organizaciones defensoras de los derechos de los inmigrantes, de la insistencia suya y de los demócratas en el Congreso, varios intentos en ese sentido fueron rechazados por  el liderazgo republicano.
Algunas iniciativas ni siquiera llegaron al plenario del Senado ni de la Cámara de Representantes, aunque el tema estuvo en el centro de los debates en los últimos meses como parte de la campaña para las elecciones generales del 8 de noviembre.
En el período pasaron a primer plano los controversiales planteamientos xenófobos y racistas de Trump,  y sus promesas de expulsar del país a los indocumentados y construir un muro en la frontera con México.
Otro aspecto que le quedó pendiente en el escenario doméstico fue el reajuste que pretendía hacer en el sistema de justicia estadounidense, y el mejoramiento de las condiciones precarias en los centros penitenciarios norteamericanos.
Las irregularidades en la aplicación de la ley, y las desventajas que en ese sentido tienen los sectores menos favorecidos dentro de la nación norteña, en particular los afroamericanos y los hispanos, son elementos que esta Administración tampoco abordó a fondo.
La creciente epidemia de violencia en la sociedad norteamericana ocupó un lugar importante en la agenda presidencial, pero los resultados concretos estuvieron por debajo de las expectativas del gobernante y sus seguidores.
Una fuerte oposición de los republicanos y de la Asociación Nacional del Rifle, organización que cabildea a favor de los productores de armamentos, lograron frustrar las intenciones de Obama de reformar la legislación vigente sobre la compraventa y tenencia de armas de fuego.
La muerte a mediados de febrero de Antonin Scalia, juez de la Corte Suprema, dejó un vacío en ese ente judicial que el jefe de la Casa Blanca intentó llenar en marzo con la nominación de Merrick Garland, pero el liderazgo republicano bloqueó su propuesta.
Este fue otro duro revés en la agenda de Obama, a pesar del esfuerzo que él y sus correligionarios hicieron en el Capitolio y a través de los principales medios de prensa norteamericanos.

LA CÁRCEL EN LA BASE DE GUANTÁNAMO

El cierre de la cárcel en la base naval estadounidense en Guantánamo, en el sureste de Cuba, es un tema que también quedó pendiente.
Desde enero de 2002, bajo la administración de George W. Bush, Estados Unidos mantiene un centro de internamiento en ese enclave militar ubicado en territorio cubano contra la voluntad del Gobierno y del pueblo de la isla caribeña.
Desde que asumió el primer mandato en 2009 Obama aseguró que cerraría dicha penitenciaría, pero el liderazgo republicano en el Congreso y grupos de ultraderecha obstaculizaron ese objetivo.
A pesar de que Obama no cumplió su objetivo, al menos logró reducir el número de detenidos, y ahora solo quedan allí 59, de un total de 242 que permanecían en la instalación cuando el actual jefe de la Oficina Oval asumió su cargo.
En este contexto, Trump prometió mantener abierta la cárcel e incluso llenarla con más sospechosos de terrorismo y, según la agencia noticiosa Associated Press, oficiales del centro dicen estar listos para continuar las operaciones si el nuevo Gobierno lo decide.
Algunas inversiones que se realizan en su ampliación sugieren que la penitenciaría llegó para quedarse, como es el caso de un centro hospitalario que se construye a un costo de más de ocho millones de dólares y un comedor por 12,4 millones de dólares para quienes custodian a los reos.

LA CAMPAÑA CONTRA EL ESTADO ISLÁMICO

Entretanto, la campaña de la coalición liderada por Estados Unidos contra el Estado Islámico (EI) es otro asunto que sigue en la lista de temas sin resolver, después de que los contribuyentes norteamericanos tuvieron que erogar más de 10 mil millones de dólares en su ejecución hasta la fecha.
El pasado 6 de diciembre, en un discurso en la Base de la Fuerza Aérea de MacDill, Florida, sede de la jefatura del Comando Central y el de Operaciones Especiales, Obama hizo una valoración optimista de la contienda contra los fundamentalistas en el norte de África y el Medio Oriente.    En una intervención sobre sus logros en materia de seguridad nacional, el mandatario agradeció a los soldados por  «romperle la espalda» a dicha organización extremista.
Sin embargo, una buena parte de los legisladores republicanos y algunos expertos en seguridad nacional tienen una visión menos optimista sobre los resultados de esta contienda.

PROBLEMAS EN AFGANISTÁN

De hecho, Estados Unidos y sus aliados están en una situación prácticamente sin salida en Afganistán, donde no se vislumbra una solución ni siquiera a mediano plazo, otro de los asuntos que lejos de solucionarse, pareció agravarse en 2016.
Aunque Obama finalizó formalmente la participación directa de los militares norteamericanas en combate en Afganistán desde diciembre del 2014, en ese país asiático hay poco más de nueve mil 800 soldados y oficiales, en tareas de asesoramiento y asistencia, según la versión oficial.

LAS RELACIONES CON CUBA

El avance de las relaciones con Cuba es otro asunto que queda pendiente y que Trump amenaza con entorpecer o revertir.
Tras la reanudación de los nexos diplomáticos bilaterales el 20 de julio del 2015 y la apertura de embajadas en las respectivas capitales, ambas partes lograron firmar acuerdos importantes en diversas esferas.
El mandatario visitó La Habana en marzo de este año con una amplia delegación, y en los últimos meses firmó varias órdenes ejecutivas que, aunque constituyen pasos de avance, resultaron insuficientes.
El Congreso estadounidense es el que tiene la potestad para levantar totalmente el bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Washington a la isla desde hace más de medio siglo.
Sin embargo, el Presidente posee amplias facultades para disminuir estas sanciones unilaterales a la mínima expresión, prerrogativas que Obama utilizó a medias.
Las autoridades cubanas reiteran que para avanzar en el proceso hacia la normalización de los vínculos bilaterales, Estados Unidos debe levantar dichas medidas punitivas, así como devolver a la nación antillana el terreno que ocupa la base naval de Guantánamo.
Esta demanda se une a otros aspectos claves, como la necesidad de que Washington ponga fin a los intentos por subvertir el orden interno en la isla caribeña.
El pasado 7 de diciembre, la directora general de Estados Unidos en el Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba, Josefina Vidal, demandó al equipo de Trump que tenga en cuenta los avances que hubo en los últimos dos años en los nexos entre las dos naciones vecinas.
Hasta aquí algunos de los principales desafíos que enfrentó Obama en el 2016, el último año de su permanencia en la Casa Blanca, donde, contra viento y marea, logró estar durante dos mandatos consecutivos.
De todas formas, dadas las características de Trump y los perfiles de los futuros miembros de su equipo de Gobierno, resulta prematuro pronosticar hasta qué punto él cumplirá las controversiales promesas que hizo como candidato republicano.
Muchas de las posturas esbozadas durante la contienda electoral van en sentido totalmente contrario a la línea que siguió Obama y son demasiado arriesgadas como para llevarlas a la práctica como Presidente de Estados Unidos.

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