El Sendero de los Iluminados: Interpretaciones engañosas

Por Alan Prado

Si un individuo realiza una auto-corrección, no hay necesidad de que la naturaleza lo haga. 

Cuando una persona logra una comprensión excepcional, lo que anteriormente podría haber sido un inconveniente, deja de serlo.

Considerando que toda la trama de la naturaleza está dirigida al desarrollo y a la realización de sus objetivos, el ser humano solo puede evadir la presión del crecimiento al anticipar su propia necesidad y proceder voluntariamente a satisfacerla.

Nadie se evalúa a sí mismo con la misma severidad con la que evalúa lo que observa en los demás. 

Aquella persona que critica con severidad la decisión de otro, suele olvidar con facilidad sus propias elecciones, las cuales también han sido cuestionables, aunque no hayan salido a la luz. 

El que se indigna ante el error de otra persona, actúa como si él nunca hubiera incurrido en algo similar, cuando en realidad su única fortuna fue que no había nadie presente en ese instante.

Quien logra recordar sus propias imperfecciones antes de señalar las de los demás, se da cuenta de que el juicio se vuelve mucho más benevolente cuando se dirige primero hacia su interior. 

No se trata de que los errores ajenos carezcan de importancia. Es que casi nadie posee la autoridad moral para señalarlos con el mismo criterio que aplica únicamente a los otros y nunca a sí mismo. 

Antes de juzgar lo que observas en los demás, recuerda que tu propia equivocación solo parece menos grave porque, hasta ahora, nadie la ha presenciado.

Una verdad que no es adornada por leyendas resulta más complicada de sobrellevar que un tormento decorado con relatos fantásticos. 

La humanidad ha mostrado constantemente una preferencia por interpretaciones engañosas en lugar de la realidad descubierta que revela la cruda esencia de los días.

Alan Prado (AMEP 11:11).

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