El Sendero de los Iluminados: Espectros
Por Alan Prado
He surgido del fuego con tranquilidad y del murmuro que reside en la penumbra.
No estoy convencido de que muchas personas a mi alrededor comprendan lo severo que puedo ser conmigo mismo.
Existen numerosos días en los que mis frustraciones me afectan profundamente y, la mayoría de las ocasiones, guardo todos los fragmentos rotos en mi mente, permitiendo que me devoren internamente.
Por este motivo, siempre guardaré un espacio especial en mi corazón para los aplausos silenciosos.
Que los chistes entrañables me motiven, los abrazos cálidos. esos simples gestos y esa gente maravillosa son los que realmente logran reconstruir las piezas de mi universo. Y tengo plena certeza de que, incluso tras haber ganado todas las luchas que enfrento en la vida, esos momentos son los que mi corazón atesorará por siempre.
Mis lesiones son vestigios antiguos, formados por manos que han amado y destruido.
Mis espectros no me atormentan: me acompañan y se someten.
Ven en mí la calma que los domina, la mirada que los absolve sin piedad.
Soy su esencia y su descanso. Progreso entre ellos con dignidad, portando la noche como una tiara.
El vacío no me destruye: me moldea. Me enseña a levantarme, a renacer sin la presencia de observadores. Porque en el silencio más profundo he descubierto que la fuerza no se grita, se respira.
Cada idea es una llama; cada sentimiento, un santuario.
Mis sombras no me persiguen: me protegen. No temo a la oscuridad, porque es allí donde florece lo más puro de mi ser.
El vacío no me destruye: me moldea. Me enseña a levantarme, a renacer sin la presencia de observadores. Porque en el silencio más profundo he descubierto que la fuerza no se grita, se respira.
Considero esencial educar a las nuevas generaciones sobre el significado de la derrota. Acerca de cómo navegar en ella.
Sobre la humanidad que nace de esa experiencia. Sobre la construcción de una identidad capaz de reconocer una comunidad de destino, donde se puede fracasar y reiniciar sin que el valor y la dignidad se vean comprometidos.
Sobre evitar ser un trepador social, sobre no sobrepasar a los demás para alcanzar la cima.
En este contexto de ganadores vulgares y deshonestos, de falsos prevaricadores y oportunistas, de personas influyentes que detentan el poder, que ocultan el presente y, ni qué decir, el futuro, de todos los afligidos por la búsqueda del éxito, del lucirse, del alcanzar.
Ante esta concepción del ganador, prefiero de lejos al que pierde.
Es un ejercicio que considero beneficioso y que me reconcilia conmigo mismo.
Soy un individuo que prefiere aceptar la derrota antes que triunfar de manera injusta y cruel.
Soy consciente de mi gran falta. Lo mejor es que tengo la osadía de defender esta falta y considerarla, casi, una virtud.
Siempre que seas auténtico, que seas diferente, que seas singular, que seas un pensador libre, aquel que no se deja manipular, que confía únicamente en su propio poder, y que elige transitar en solitario antes que seguir a la multitud, te llamarán rebelde, hereje, loco.
Camina con el orgullo de ser un insurgente del caos, de no ser uno más.
Ofrezco mis más sinceras disculpas a todas aquellas personas a las que no les brindé la responsabilidad emocional necesaria y con quienes decidí cortar la comunicación.
«Continúan sin ser relevantes para mí, aunque ahora lo reconozco de manera consciente y más madura».
Que su dios los bendiga y los mantenga muy alejados.
Que la rebeldía siempre nos roce los labios.
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